Sunday, July 08, 2007

Identidades asesinas (2002)


Este espléndido ensayo del escritor francolibanés (o líbano-francés) Amin Maalouf debería figurar, recomendado por las Naciones Unidas, como lectura obligatoria en todas las escuelas del mundo. No se me escapa que incluso el adjetivo obligatoria puede disonar un tanto del tono general del libro, pero aún así, me ratifico en lo dicho, y que la liberalidad de Amín sepa disculparme.

Creo recordar que fue Dürrenmatt quien plasmó aquella frase lúcida y tremenda: “es triste una época en la que resulta necesario luchar por las cosas evidentes”. Maalouf da un paso más y desea que tales evidencias, que ahora escribe, sean vistas como obviedades por sus nietos y sea entonces su libro del todo innecesario y superfluo. La persona que me lo prestó, después de finalizar su lectura subrayada y aquiescente, estampó un mayúsculo AMEN, que yo suscribo como remate de una oración laica (y algo descreída) por todos nosotros y nuestros descendientes.

¿Puede alguna persona, en su sano juicio, discrepar de ideas como que cada ser humano es un irrepetible y singular conglomerado de pertenencias e identidades, que lo hacen único y que no pueden reducirse a ninguna de ellas en particular, o que el riesgo de las pertenencias e identidades así reducidas para ser compartidas por la tribu es el de la exclusión, la negación y el exterminio de “los otros”, a poco que se sientan amenazadas?. ¿Qué son los nacionalismos, las guerras de religión, las limpiezas étnicas o los victimismos sino agresivas y destructivas afirmaciones tribales?. ¿Debe significar, necesaria y resignadamente, la hegemonía política, tecnológica y cultural de occidente, el arrasamiento del resto de las culturas locales? .¿Cuáles son los remedios y las actitudes, individuales y colectivas, para impedir sin violencia suicida ni aceptación claudicante que tal suceda?. ¿Por qué, frente a uniformidad, debemos oponer universalidad?. Estos y otros muchos vitales interrogantes son los que Maalouf nos plantea y se atreve a responder con honestidad, liberalidad e inteligencia limpia.

Cúmpleme sólo señalar algo que no es una discrepancia, sino una muy personal y subjetiva observación de matiz: Maalouf es todo lo contrario de un ingenuo, de un cándido en el volteriano sentido de la palabra, pero, con todo, se me antoja que hay en él algo de angélicamente optimista (aunque sea el sano optimismo de la razón) y echo de menos algún pequeño grano más de sal agnóstica, volteriana y - ¿por qué no?- “luciferina”.

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