
Dando continuidad al proyecto de la Orquesta Sinfónica de Galicia de representar las cuatro partes de la tetralogía wagneriana, que se inició el año pasado con Das Rheingold, este último sábado de octubre se ofreció al público del Palacio de la Ópera una espléndida versión de concierto de Die Walküre , en la que la formación que dirige Victor Pablo Pérez exhibió con brillantez toda la monumentalidad propia de las partituras del teutón. A la misma altura estuvieron, en su conjunto, las exigentísimas partes vocales, con muy especial mención de las tres voces femeninas principales y de la que dió cuerpo al oscuro Hunding. En efecto, la rusa Elena Zaremba expresó con timbre y tono perfectos todos los matices de astucia, frialdad, vindicación y crueldad que Fricka necesita, la bella germano-oriental Anja Kampe hizo una Sieglinde delicada y firme, tierna y robusta, austera y sensible, y la norteamericana Jennifer Wilson asumió el rol protagonista con fuerza y solvencia. Por su parte, el coreano Attila Jung nos conmocionó con su Hunding imponente y tremendo. El hiperbóreo Juha Uustalo expresó con la grandeza necesaria las sutilezas y retorcimientos de Wotan y, por último, Simon O'Neil se mantuvo correcto, acertado y voluntarioso, aunque tal vez un tanto ahogado. Como bien señala Arturo Reverter en notas al programa de mano, el comprometido papel de Siegmund no tiene las exigencias heróicas de otros personajes wagnerianos, pero se suele encomendar actualmente a tenores en exceso líricos, cuando precisa de otra encarnadura vocal algo más robusta.
Confieso que es sólo la tercera vez que escucho a Wagner en un teatro, "en vivo y en directo", presencialmente. Hasta ahora casi me había contentado con grabaciones enlatadas en vinilo, CD o, en el mejor de los casos, en DVD. Y no es que de esta tercera vez me haya hecho "wagneriano converso" (algunos wagnerianos tienen algo de secta religiosa), pero sí mucho más cálidamente entusiasta (hasta ahora venía siendo sólo tibiamente entusiasta del maestro indiscutible). Esa elevación de la temperatura me lleva a plantear esta temeraria metáfora: en la historia de la ópera hay una sobresaliente nómina de autores con rango heróico (monteverdianos, barrocos, belcantistas, prerrománticos, romántico-verdianos, veristas, "post-istas", etc), pero sólo una divina trinidad: la constituida por Mozart, Wagner y la feliz fusión de ambos conocida en el mundo como Richard Strauss. Que los cristianos me disculpen la irreverente alusión al más arcano de sus misterios. Sabrán hacerlo tanto mejor si consideran que proviene de un ateo militante e irrecuperable.
Dedico con todo mi afecto esta entrada insolvente a mis wagnerianos de cabecera, Dominique y Darío