Jamás me habría imaginado escribiendo sobre operaciones bursátiles (grandes, pequeñas o mínimas) y sigo sin poder imaginarme incurso en tamaño despropósito. Mi osadía tiene límites escasos, pero los tiene y un elemental pudor me impide hablar de algo sobre lo que tengo los mismos conocimientos que sobre cálculo infinitesimal, es decir, absolutamente ninguno. No voy a hablar, pues, de la Comisión Nacional del Mercado de Valores, sino de quien hasta ayer fue su polémico titular, Don Manuel Conthe. Este caballero de aspecto recio y contundente, con cierto aire de duro contradictorio de película con pujos de sutileza, es una tentación para cualquier profesional o simple aficionado del fotomatón literario. Los surcos y las anfractuosidades de su rostro de piel dura y áspera no parecen, lamentablemente, estigmas de trabajos forzados a pleno sol ni cicatrices de enconadas batallas, sino secuelas de pertinaces y muy severas eflorescencias de acné juvenil. Su mirada acuosa y sus ojeras de insomne delatan una melancolía muy controlada que en nada se contradice con el aplomo y la arrogancia de un triunfador absoluto. A un varón de tal formato se le nota mucho que jamás pudo albergar en su cráneo bien amueblado la más mínima duda acerca de su excepcional valía, y esta seguridad berroqueña hubo de verse siempre reforzada y especularmente confirmada en el gesto de sus interlocutores. En su comparecencia de ayer exhibió capacidad discursiva, voz bien timbrada, aromas de soberbia y garbo para el desplante y el envite de salón. Sobreabundó en citas, desde Gracián a Kavafis, desde el refranero francés a Lope de Vega, desde Castán Tobeñas a Indalecio Prieto. Estos arriesgados saltos referenciales apenas tiñeron de pedantería y sí salpicaron de cierta gracia su pugnaz exposición. Lástima que el punto más fuerte de sus argumentos haya sido la condena del positivismo jurídico, traducida en la exigencia de que el gestor público eficaz y resolutivo necesite no sólo aplicar la ley con firmeza y eficiencia sino interpretarla adecuadamente para obtener los legítimos fines que el propio gestor entiende justos y benéficos. Una experiencia funcionarial añeja y con mucha costra me hace muy refractario a tan autocomplaciente y autorreferido canto al sol. Tal vez justo ahí esté la clave de que una brillantísima soflama parlamentaria haya, paradójicamente, defraudado a tirios y a troyanos. Y es que, en política, los juegos de artificio sólo deben hacerse tras haber ganado las batallas con fuego real. Por lo demás, me satisfizo mucho que un individuo con todas las papeletas y pronunciamientos previos para resultar antipático y cargante, me haya parecido un orador atractivo y sugerente, con quien no me importaría pasar unas horas tomando copas e intercambiando consideraciones.Tuesday, April 24, 2007
Valores, soberbia y simpatía
Jamás me habría imaginado escribiendo sobre operaciones bursátiles (grandes, pequeñas o mínimas) y sigo sin poder imaginarme incurso en tamaño despropósito. Mi osadía tiene límites escasos, pero los tiene y un elemental pudor me impide hablar de algo sobre lo que tengo los mismos conocimientos que sobre cálculo infinitesimal, es decir, absolutamente ninguno. No voy a hablar, pues, de la Comisión Nacional del Mercado de Valores, sino de quien hasta ayer fue su polémico titular, Don Manuel Conthe. Este caballero de aspecto recio y contundente, con cierto aire de duro contradictorio de película con pujos de sutileza, es una tentación para cualquier profesional o simple aficionado del fotomatón literario. Los surcos y las anfractuosidades de su rostro de piel dura y áspera no parecen, lamentablemente, estigmas de trabajos forzados a pleno sol ni cicatrices de enconadas batallas, sino secuelas de pertinaces y muy severas eflorescencias de acné juvenil. Su mirada acuosa y sus ojeras de insomne delatan una melancolía muy controlada que en nada se contradice con el aplomo y la arrogancia de un triunfador absoluto. A un varón de tal formato se le nota mucho que jamás pudo albergar en su cráneo bien amueblado la más mínima duda acerca de su excepcional valía, y esta seguridad berroqueña hubo de verse siempre reforzada y especularmente confirmada en el gesto de sus interlocutores. En su comparecencia de ayer exhibió capacidad discursiva, voz bien timbrada, aromas de soberbia y garbo para el desplante y el envite de salón. Sobreabundó en citas, desde Gracián a Kavafis, desde el refranero francés a Lope de Vega, desde Castán Tobeñas a Indalecio Prieto. Estos arriesgados saltos referenciales apenas tiñeron de pedantería y sí salpicaron de cierta gracia su pugnaz exposición. Lástima que el punto más fuerte de sus argumentos haya sido la condena del positivismo jurídico, traducida en la exigencia de que el gestor público eficaz y resolutivo necesite no sólo aplicar la ley con firmeza y eficiencia sino interpretarla adecuadamente para obtener los legítimos fines que el propio gestor entiende justos y benéficos. Una experiencia funcionarial añeja y con mucha costra me hace muy refractario a tan autocomplaciente y autorreferido canto al sol. Tal vez justo ahí esté la clave de que una brillantísima soflama parlamentaria haya, paradójicamente, defraudado a tirios y a troyanos. Y es que, en política, los juegos de artificio sólo deben hacerse tras haber ganado las batallas con fuego real. Por lo demás, me satisfizo mucho que un individuo con todas las papeletas y pronunciamientos previos para resultar antipático y cargante, me haya parecido un orador atractivo y sugerente, con quien no me importaría pasar unas horas tomando copas e intercambiando consideraciones.Tuesday, April 10, 2007
Recurso y sentencia

La transcripción que voy a hacer a continuación del recurso interpuesto por un condenado en juicio de faltas ante una Audiencia provincial contra sentencia de un Juzgado de Primera Instancia e Instrucción, y de la subsecuente sentencia de la tal Audiencia provincial que resuelve sobre el dicho recurso, no es susceptible de comentario alguno. Recurso y sentencia glosan por si mismos esos hechos singulares en los que la realidad supera al arte. El condenado recurrente merece los premios Mariano Cavia, Ortega y Gasset e incluso el Nacional de Literatura con sólo sus diez escuetas líneas manuscritas. La sentencia me reconcilia (sólo un poquito) con el colectivo profesional y el poder del Estado que constituyen los jueces, por su ejemplar e infrecuente sentido del humor. Transcribamos sin más preámbulos. Dice el recurso (literalmente y sin correcciones ortográficas):
"No estoy de acuerdo con la sentencia por que, de haberme presentado a la hora citada, la sentencia podría ser otra."
"El motivo por el cual llegé 10 minutos tarde, es que justo cuando decidí salir de casa para presentarme a la citación, me entraron ganas de cagar y no podía aguantarme."
"y por esos motivos presento el recurso de apelacio"
Y rezan los FUNDAMENTOS DE DERECHO de la sentencia:
"PRIMERO: Se alza la parte recurrente frente a la resolución de la instancia sobre la base de un singular motivo cual es el de que llegó 10 minutos tarde al acto del juicio, lo que impidió su comparecencia, porque cuando decidió salir de casa para presentarse a la citación le entraron ganas de cagar y no pudo aguantarse. Simple y llanamente así."
"Sin duda alguna, en la tesitura de escoger entre una y otra deposición, una, por evacuación del vientre, otra, por manifestación ante el Juez como acusado, cualquier persona habría de optar por la primera por los graves apremios que supone el caso de no ser satisfecha esa necesidad fisiológica, siendo poco higiénica la presentación ante un Tribunal en otras condiciones que no sean las de un completo descargo. Precisamente el recurrente sostiene que por hacer una cosa no pudo hacer la otra, lo que le supuso la inasistencia al acto del plenario y la condena por atender el Juzgador a una sola de las versiones, la del contrario. Sin embargo, pese a lo expuesto con anterioridad no podemos acceder a lo que se nos solicita porque la parte ni demuestra la existencia del sorpresivo apretón que refiere, ni acredita que, cuando después de sofocar sus presurosas consecuencias, acudió inmediatamente al acto del juicio, éste ya había concluido."
"Mucho nos tememos que la que el recurrente llama causa de su inasistencia no sea sino una forma de burlarse de la administración de justicia que le ha condenado, que si bien admitimos con sentido del humor desdeñamos como motivo de apelación."
"SEGUNDO: No existiendo costas en la apelación de la presente causa, resulta ocioso pronunciarse sobre las mismas."
Monday, April 09, 2007
Paremiología, ciencia y divina providencia

El final de la cuaresma litúrgica proporciona estadísticas de accidentes de tráfico, imaginería andante, encuentros con viejos amigos, celebraciones patrióticas y alguna noticia chusca. Prescindiré de los accidentes y de las celebraciones, porque unos y otras acarrean mal fario. La espléndida columna que publicó Manuel Vicent el domingo de Pascua en El País me inhabilita absolutamente para decir cualquier cosa sobre procesiones y nazarenos, salvo que no habrá libertad de expresión por estos pagos mientras no se juegue el pellejo cualquiera que tenga la osadía de intercalar entre saetas o silencios devotos una descomunal blasfemia en prosa o en verso, cantada, recitada o simplemente gritada a pleno pulmón. Por lo que hace a los encuentros con los viejos amigos, quiero festejar el de una antigua compañera de curso con la que compartí almuerzo el llamado sábado de gloria. Mientras esperábamos en la solanera de un restaurante rural a que nos aderezasen la mesa en el interior, un anciano robusto y de ojos achispados se zampaba una montaña de percebes, acompañados de un vaso de sidra rebosante de cerveza. Pegamos la hebra con el valetudinario glotón, que se quejaba de sus descendientes varones y alababa las virtudes de las hermanas de tales pinchahuevos. "Vale más una hija puta que un hijo cardenal", le comentó, condescendiente, mi amiga. El vejete no pudo reprimir una risa conejil y algo convulsa que le hizo regurgitar parte de la cerveza que estaba bebiendo en ese momento. Sin que ninguno de los tres lo advirtiéramos, la dueña del restaurante, hija del tragón jocundo, estaba contemplando la escena y escuchando la conversación por detrás de los interlocutores: "¡Eso es hablar, señora! ¡Tiene usted más razón que una santa!", le oímos decir. A partir de entonces todo fueron amabilidades con nosotros. Cuando alcanzó el suficiente grado de confianza (mientras nos servía el segundo plato), nos espeta: "¿Saben ustedes que yo tengo un hermano cardenal?". La carcajada fue entonces unánime y sonora. Por supuesto, tengo apuntado el nombre y el teléfono del figón en siete sitios distintos para que lo pueda encontrar la próxima vez que viaje a mi provincia de nacimiento.
El otro encuentro amical que quiero glosar fue con un profesional de la medicina sabio, responsable y jovial, combinación difícil dónde las haya. Salía de una iglesia acompañado de su mujer, su suegra y otras piadosas damas. Tras los saludos de rigor, se hizo un pequeño "aparte", mujeres por un lado, varones por otro, en el que yendo de un lugar común a otro terminamos recalando en el vidrioso tópico de las curaciones difíciles, las esperanzas de vida, la importancia del mapa completo del genoma humano y de las posibilidades que abre en el progreso de la medicina, al que mi amigo no ponía límite alguno. Conocedor de su conservadurismo, empezaba yo a sorprenderme un tanto de su discurso, cuando me regala una apostilla tranquilizadora y balsámica:
-Todo esto y la divina providencia, claro está.
¡Y tan claro!, me digo yo a mi mismo. En mi incorregible ingenuidad, sigo asombrándome del prodigio neuronal que lleva a estas gentes a confiar en el método científico y creer simultánea y ciegamente en la voluntad divina.
Tenía pensado también hablar de las inhalaciones de polvo paterno de Keith Richards. De esto es Moncho Alpuente el responsable de que me inhiba. Me enteré de las bizarras declaraciones por mi mujer, que había sabido de ellas por otra persona que no conocía la identidad del sujeto. Este desconocimiento tuvo un efecto maravilloso: me entró un ataque de risa repetitivo, jocundo e interminable que no hubiese tenido lugar si estuviese enterado de quien era el propietario de la nariz esnifadora, antropofágica y, en cierto modo, edípica.
Saturday, March 31, 2007
La Traviata en Vigo

En lo propiamente musical, vamos a dejar en un piadoso olvido la totalidad del primer acto, en que no se salvó ni dios. Con la llegada de Giorgio Germont, las cosas empezaron a mejorar progresivamente hasta alcanzar un nivel de calidad y emoción algo más que aceptables en el tercer acto, con un Addio del passato templado y firme, un Parigi, o cara condenado por la absoluta falta de delicadeza de Marcello Bedoni pero redimido por la intercesión de Svetla Krasteva, y un Gran Dio! Morir sì giovine a la altura de las exigencias. El triunfador de la noche fue, sin duda, el barítono Luis Cansino (vigués, según manifestación propia, aunque nacido en Madrid según el programa de mano), que hizo un Giorgio Germont seguro y recio, pero también sutil, con un color de voz preciso y hermoso. El rol protagonista, desenvuelto por una Svetlana Krasteva fría y descolocada hasta la mitad de la función, se resintió notablemente durante todo el primer acto (en el que hasta el tópico brindis quedó deslucido y soso), con unas agilidades forzadas e inseguras y unos arranques desentonados que hicieron del Sempre libera un incesante manantial de zozobras. Como ya quedó dicho, la soprano búlgara se redimió (y redimió a otros) a partir de la mitad del segundo acto. No tuvo suerte el frágil personaje de Alfredo con su ejecutor Marcelo Bedoni, física y vocalmente más próximo a un rufián de taberna que a un enamorado romántico y doliente. Las secundarias Annina (Pilar Moro) y Flora Bervoix (Milagros Martín), una de trapillo y otra de gala, se mostraron como las dos intérpretes mejor vestidas del elenco y, en lo canoro, estuvieron a la altura exigible de sus breves intervenciones.
Capítulo aparte, y en negativo, merece la Orquesta Sinfónica de Gijón. Dirigida por el joven Óliver Díaz, está aún demasiado verde para acometer empresas de la envergadura de La Traviata. Es bueno y saludable que proliferen orquestas y formaciones musicales, y en cuantos más lugares mejor. Pero, por el momento, el conjunto gijonés está aún muy lejos de poder siquiera competir con su coterránea Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias. Hay, pues, que congratularse de su existencia y que desearle un futuro brillante. Pero hay también que reflexionar sobre la conveniencia de que las expresiones artísticas sobrepasen los afanes meramente localistas.
Tuesday, March 27, 2007
El Holandés errante, visto por Darío Comesaña

Observa Darío en Senta, la protagonista femenina de la ópera, una infinita piedad ascética (pietista, se diría) que la mueve invenciblemente a la redención del sufrimiento inextinguible a que está condenado el desdichado holandés por su temeraria blasfemia pretérita. Veo yo, con su permiso, una profundísima "com-pasión" amorosa (humana, demasiado humana) que la lleva hasta el último sacrificio en su finalmente desesperado ímpetu redentor. Coincidimos ambos en los afanes salvíficos de Senta, pero Darío la santifica y yo la planto en la tierra. Por eso mismo, me gusta de la puesta en escena de Harry Kupfer (la que se nos mostró en la conferencia) que Senta no se arroje al mar sino que se precipite en el duro suelo, desde el que la posibilidad de emerger en vuelo ascendente hacia los cielos es absolutamente nula. Pienso también que esta solución, sólo en apariencia "fuera de libreto", se compadece mejor con las cosmovisiones de Wagner y de Heine, tan distintas e incluso contrarias, pero convergentes en su negación de cualquier forma de transcendencia. Admito, por supuesto, la refutabilidad absoluta de mi opinión, pero debo aclarar que creo sinceramente que no se sustenta en mi condición de ateo practicante, sino en principios de orden estético. Mi ateísmo es, desde luego, radical, hasta el punto de defender la certeza de que la religiosidad y el instinto de rapiña son, por ese mismo orden, las dos causas principales de la imposibilidad de la utopía de un gobierno justo en el mundo. Es radical, pero no intransigente: está dispuesto incluso a admitir que Voltaire haya pedido confesión en su lecho de muerte o que Heine, atacado de insufrible esclerosis múltiple, invocase al "eterno" en su dolor constitutivo, aunque me parezca mucho más plausible que el primero se siguiese riendo de Agustín Calmet, el abad de Senon, y el segundo maldijera hasta la mismísima "creación". Esta "tolerancia" obedece a convicciones sinceras, pero también a una consideración un tanto pragmática y bastante poco heroica: provocar a los creyentes es un negocio muy poco rentable y extremadamente peligroso (basten como muestras las fetwas islámicas, los manifiestos de la Conferencia Episcopal o los exabruptos de su órgano de radiodifusión).
Es una lástima que estos comentarios y observaciones, que no tienen vocación de impertinentes, se hagan por escrito y en diferido. Sugiero a los Amigos de la Ópera que den turno de palabra (breve) a los asistentes a las charlas que organizan. Si así lo hacen, prometo solemnemente, por Mozart y por mi honor, no abrir la boca, para bien ni para mal, en ninguno de esos turnos: Vade retro.
Monday, March 05, 2007
Anna Netrebko & Rolando Villazón: Duets

Las astucias son siempre las mismas, pero el sello amarillo hace cada vez mejor sus trampas publicitarias. El "videoclip" de La Bohème ("O, soave fanciulla") es puro caramelo recalentado, pero funciona. ¡Vaya si funciona! Se ve con claridad que me estoy aproximando acelerada y peligrosamente a la condición de viejo libidinoso. Debería tener más en cuenta el conocido lamento que Shakespeare pone en boca del ridículo Falstaff, que Orson Welles recoge en Campanadas a medianoche, y que se refiere al deseo, a la potencia y a la mísera condición humana.
Saturday, March 03, 2007
Victoria de los Ángeles
La discográfica catalana Columna Música ha concebido la idea excelente de publicar grabaciones más o menos inéditas de la gran soprano barcelonesa y comienza la andadura con este disco, que recoge los recitales de Tokyo de los años 1988 y 199o y contiene seis lieder de Schumann, otros cuatro de Schubert, las Cinq Mélodies populaires grecques, de Ravel, tres chansons de Hahn, las Cinc Cançons tradicionals catalanes, de Manuel Garcia - Morante (que es quien la acompaña al piano), El paño murciano, de Nin, y dos propinas: El majo tímido, de Granados; y El Vito, de Nin. Recomiendo con entusiasmo la audición detenida de estas veintiseis joyas no sólo como merecidísimo homenaje a la más cristalina de las voces líricas del siglo pasado, sino como ejercicio de goce sobresaliente.Wednesday, February 28, 2007
Emilio I el Ludópata

Thursday, February 08, 2007
España es una patente mía
Vean, observen y lean la viñeta que hoy, 8 de febrero de 2007, publica El Roto en ELPAÍS. Para la buena salud del derecho de sucesiones, es grato comprobar que los herederos legítimos del tipo del bigote, gorro cuartelero y mosca en la punta derecha del cuello de la guerrera conservan intactas las expresadas ideas del causante. Herederos con o sin bigote, barbados o rasurados, con guerrera, con toga, con sotana, o con traje de Armani, pero todos ellos con mosca en algún lugar estratégico de su indumentaria, hacen gala en cualquier lugar, incluída la calle (que es suya) de la lograda reivindicación de su mentor y padre espiritual. Resulta, sin embargo, algo más preocupante que sedicentes izquierdosos y agraviados cofrades de las merindades identitarias, periféricas y perimetrales piensen exactamente lo mismo.
Wednesday, February 07, 2007
Thursday, February 01, 2007
Ana Maria Martinez - Home

Ana Maria Martinez - Home
La conocía tan sólo a través de las grabaciones de las óperas de Albéniz Merlín y Harry Clifford. Acabo de verla como Fiordiligi en un DVD grabado en directo en el último festival de Salzburgo. Convincente.
Thursday, January 18, 2007
Bueno, Zapatero y Alicia



Vaya por delante que estimo a Gustavo Bueno como uno de los filósofos más sólidos y originales de los tres o cuatro últimos decenios y que el libro que quiero muy someramente comentar nada añade ni resta a esta consideración sumaria.
Me parece algo sorprendente - sólo algo- no haber encontrado prácticamente ninguna reseña de Zapatero y el pensamiento Alicia que no sea un panegírico de su autor. Los excesos laudatorios superabundan en páginas de la red como El Catoblepas, revista virtual de pensamiento promovida por Bueno y su nutrido entorno, desde la que fácilmente se enlaza con otros faros esclarecidos como El Revolucionario, autoproclamado como "diario global de la izquierda revolucionaria" con el inefable lema de "hacia la séptima generación de la izquierda", o la Fundación para la defensa de la nación española, de prístinas virtudes patrióticas. De más esta decir que los diarios El Mundo o La Razón, y algún otro émulo de provincias como La Nueva España de Oviedo se deshacen en elogios del singular profesor y su obra. Le sobran a Don Gustavo soberbia, discípulos fieles, colegas complacientes, turiferarios oficiosos, tiralevitas aplicados, lameculos aquiescentes y huelepedos diligentísimos. Y, permítaseme decirlo de manera abrupta, le faltan ecuanimidad, decencia y personas de altura dispuestas a cantarle las cuarenta. Claro está que no es fácil y sí bastante peligroso darle la batalla en su propio terreno. Al profesor le resulta extremadamente fácil y divertido arrancar el motor de la apisonadora materialista, con tracción al rodillo y a las cuatro ruedas y árbol de levas con cierre categorial, para aplastar a quien ose ponérsele por delante con "argumentaciones". No es fácil y es peligroso, pero también es posible. Vaya esto como invitación a los filósofos del país a que se ejerciten en el arte de la refutacion eficaz. A los no filósofos y demás gentes del común, bástenos con ejercitar el derecho al exabrupto.
Con el mismo despliegue metodológico con que ahora tritura la tesis de la alianza de civilizaciones o la paremiología popular ("hablando se entiende la gente"), podría Gustavo Bueno haber bombardeado en su día el núcleo de pensamiento que lleva a afirmar la existencia de un "eje del mal" o pulverizado las razones para la invasión Irak, caracterizándolos tal vez de "pensamiento Frankenstein" o de "pensamiento Pinocho" (María Shelley y Carlo Collodi pueden dar casi tanto juego como Lewis Carrol) y plasmándolos, sólo por mímesis, en el rostro avinagrado e híspido del anterior presidente del gobierno. Pero es obvio que en nuestra sociedad, dizque de libre mercado, cada quien está en su perfecto derecho de elegir los destinatarios de sus andanadas y los beneficiarios y compañeros de viaje de sus aventuras intelectuales. Quédese el insigne riojano con Zapatero como muñeco o mono del pimpampum, y con sus acólitos, neolectores, jamás lectores, hebdolevógenos, genoveses, inMundos, , sinRazonistas, catoblepásicos AMBG (colaboradores de El Catoblepas "ad majorem Boni gloriam") como coro laudatorio agradecido.
No es necesario añadir, pero lo hago por mi incorregible afición a la redundancia, que reputo a Zapatero y el pensamiento Alicia como libro perfectamente prescindible que a nadie, salvo a su autor, a la editorial Temas de Hoy (Grupo Planeta, oiga), y a los beneficiarios ya enunciados, puede enriquecer en ningún sentido, pero que sugiere, por contraste y una vez más, la necesidad urgente que tenemos de un pensamiento fuerte y honesto, capaz de remover y desperezar el letargo que venimos padeciendo quienes , estúpidamente al parecer, seguimos defendiendo las opciones transformadoras hacia una sociedad más justa.
Pido disculpas por la ordinariez que voy a perpetrar rematando esta soflama con un refrán. Se dice "a la vejez, viruelas" para llamar la atención sobre la inconveniencia de lo extemporáneo. La conseja me parece de aplicación al asunto que nos ocupa, se la brindo y ofrezco a Don Gustavo Bueno para su disección lógica, y me trae a la memoria que hubo alguien, a quien los actuales cánones de la corrección política impiden citar por su nombre, que escribió algo que tituló El izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo. Tal vez por explicable imprevisión, olvidó escribir una segunda parte que podría bien haber titulado El (ultra)derechismo, enfermedad senil del comunismo.
Sospecha vil: ¿Seguiría el gran timonel Gustavo Bueno la misma derrota que lleva trazada desde hace años de haber recibido él, y no el tuercebotas aliciano llamado Jürgen Habermas, el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales, no ya en 2003 sino bastante antes de 1991, año en que María Zambrano, otra que tal baila, recibe el de Comunicación y Humanidades?
Sunday, January 14, 2007
Pensamiento Alicia
El diario EL PAÍS publica hoy, 14 de enero de 2007, esta "ingenua" viñeta de Forges. El bueno de Antonio Fraguas, típico ejemplar de humorista de pensamiento Alicia, seguro que no ha leído el úlitmo libro publicado del profesor doctor Don Gustavo Bueno Martínez Zapatero y el pensamiento Alicia. De lo contrario estaría bien enterado de que hay muy conspicuos expertos en lógica que, con clarividencia suprema, no sólo consiguen comprender sin ningún esfuerzo el comportamiento político y social de cierta derecha española, sino que lo dotan de racionalismo irrefutable.
Wednesday, January 03, 2007
Cathy Berberian: The Official Website

Cathy Berberian: The Official Website
Confieso mi ignorancia y mis limitaciones como connaisseur musical: recordaba apenas a Cathy Berberian como esposa de Luciano Berio, y como mezzosoprano de reparto en la grabación del Orfeo monteverdiano dirigida por Harnoncourt. Un encuentro casual en la red me la acaba de redescubrir como esa voz pródiga, de ductilidad superior y capacidad expresiva privilegiada, cuyo repertorio iba desde Monteverdi a Cage, desde Ravel a los Beatles, desde Donizetti a Gershwin y cubría la brevísima distancia temporal entre Stravinsky y Gershwin con precisión y sutileza extremas. Compositora ella misma, actriz de talento gigantesco, supo entrar como nadie en el alma de todos cuantos músicos a los que se acercó, incluido su marido. Vaya por su memoria uno de los brindis del año reción iniciado.
Saturday, December 23, 2006
Magdalena Kozená - Mozart

Magdalena Kozená - Mozart
Sigo como propagandista desinteresado de las estrellas de Deutsche Gramophon. Mis querencias son demasiado evidentes. Por eso mismo, me recreo en hacerlas públicas, sin beneficio (ni oficio).
Thursday, December 21, 2006
El Requiem de Mozart visto por Álvaro Zaldívar

Los amigos de la ópera han vuelto a traer al ilustre profesor y alto funcionario del Ministerio de Educación, Álvaro Zaldívar, para ilustrarnos con su visión crítica del Requiem de Mozart. El brillante musicólogo nos deleitó con una pirueta intelectual sin duda admirable: partir de una apreciación discutible para llegar a una conclusión ingeniosa y sumamente convincente. Apreciación discutible: la nada misteriosa misa de difuntos del salzburgués no sólo es una pieza incompleta, con añadidos y remiendos de muy distintos paños, descuidada en más de una ocasión, sino que no pasa de la segunda fila dentro del ingente y genial corpus mozartiano; sin embargo ha pasado a la historia, por la razón de que en arte el tiempo también crea, con la condición de obra identitaria de su autor. Conclusión ingeniosa y sumamente convincente: Mozart jamás tuvo un interés mínimamente entusiasta en cumplir con el encargo del bizarro conde que quiere homenajear a su difunta esposa adornándose con plumas ajenas y, por tanto, jamás se sintió a sí mismo como destinatario de la obra que él debía componer y el insigne badulaque presentar y firmar como propia. Por esas mismas razones, la fue postergando una y otra vez, procrastinando un día sí y otro también, hasta que llegó la pelona y se lo llevó sin concluir la encomienda. Poderosos avales de la tesis: en los cinco meses largos que transcurren entre el día en que el mensajero del conde entrega a Mozart su encargo y el momento en que éste exhala el último suspiro, el genio compone no menos de seis obras maestras, todas ellas perfectamente conclusas, entre las que se cuentan nada menos que La flauta mágica, el Concierto para clarinete y orquesta K 622, el breve, edulcorado y bellísimo Ave Verum Corpus o la Pequeña cantata masónica K 623, y no conviene olvidar que La flauta mágica y el Concierto para clarinete son también encargos, aunque de sus amigos Schikaneder y Städtler, como asimismo es encargo, institucional y regio, La clemencia de Tito, ópera infravalorada, con tema y libreto bombásticos y pasados de moda, pero cuya música tiene momentos sublimes.
Anna Netrebko - Russian Album

Anna Netrebko - Russian Album
Sigo haciendo publicidad gratuita de Deutsche Gramophon y sus estrellas. Pero es que Anna Netrebko me pone mucho...
Monday, December 18, 2006
Paralelismos descompensados


Los numerosos aficionados a los paralelismos, equidistancias, simetrías, convergencias extremeñas y demás caprichos geométricos han tenido estos días ocasión muy propicia para darle gusto a su poco simpática querencia. Con motivo de las exequias fúnebres de uno de los más detestables asesinos políticos del siglo pasado, un nieto del puerco sanguinario y otro nieto de una de sus víctimas han dado rienda suelta a sus humores, para gloriarse uno de la infamia de su ancestro y para escupir el otro sobre el abominable fiambre del ejecutor del suyo: ancestro infame y ejecutor abominable son la misma odiosa persona, al fin extinta e incinerada (con el consiguiente riesgo de contaminación). La ruindad equidistante, con gesto de hipócrita atrición, nos vendrá a decir que uno y otro, aunque con muy equivocadas maneras, han expresado vehementemente el amor a sus antepasados. Añadirán que uno lo hizo impecablemente vestido de impoluto uniforme blanco y el otro hecho un arrapiezo, y que el primero no traspasó el umbral de la buena educación mientras que el segundo gastó un gesto de rufián de taberna. Melifluamente, invocarán también el respeto que se debe a los muertos y a las ánimas del purgatorio. Bien se ve que la centrada equidistancia ya se nos va desviando un tanto y que el fiel amenaza con descompensaciones y desvíos. Pero da igual, porque los ilustres equidistantes seguirán equidistantemente satisfechos, con la enorme satisfacción del deber cumplido en su ardua tarea de romanadores. Nada peor le puede ocurrir a un equidistante que ponerse en el lugar moral de la escena que sopesa: distinguir entre víctimas y verdugos es un error físico intolerable en un sistema de pesas y medidas que se precie de científico y objetivo.
Observen bien que el nieto de la víctima da la espalda a un paredón. Cada hombre y cada cosa, en su lugar. Descansen.
Friday, December 08, 2006
Deutsche Grammophon - Player. Hélène Grimaud

La astucia comercial de artistas, promotores y discográficas es ingeniosa y fértil. He aquí una brillante muestra. El triángulo Schumann-Wieck-Brahms tiene indudable gancho. Grimaud y Deutsche Gramophon lo han sabido explotar a ciencia y conciencia, con la inestimable ayuda de von Otter y la Staatskapelle Dresden, estupendamente dirigida por Pekka-Salonen. Doña Hélène, la bella amante de los lobos, toca muy bien y se lo monta aún mejor. Enhorabuena.

