Tuesday, June 26, 2007

ensayo-error-ensayo-acierto


William PFAFF


Añorando los imperios austrohúngaro y otomano


París, 15 de febrero de 2007 -- Los imperios austrohúngaro y otomano se echan mucho de menos hoy. Resolvieron problemas en los Balcanes y en el Oriente Medio que, ahora reabiertos, han derramado mucha sangre. La cuestión de Kosovo divide a Serbia y Albania, ambas bajo control otomano en la era moderna. Las desventuras serbias del siglo XX derivan en parte de de su larga y anómala posición como principal pueblo cristiano ortodoxo bajo el dominio de un poder islámico.

Habrían estado mucho mejor bajo el imperio austrohúngaro, última encarnación política del Sacro Imperio Romano [Germánico] fundado por Carlomagno y el Papa León III en el año 800 d. C. Fue la contrapartida política de la influencia religiosa papal: el emperador considerado como titular de la autoridad en la esfera de gobierno con la autoridad papal limitada a las “cosas de Dios”.

Esto fue crucialmente diferente de lo que emergió en el Islam, dónde el orden político nunca fue independiente de la religión y de la ley religiosa.

El problema afecta al Islam de hoy, responsable del fenómeno del moderno fundamentalismo islámico. Derrocado Sadam Hussein por los Estados Unidos, queda sólo Siria como superviviente del moderno nacionalismo secular árabe y del socialismo árabe que emergió después de que la guerra hubiese destruido el poder otomano. Jordania ha estado, de este modo, exenta de la amenaza fundamentalista porque los reyes hachemitas, como los monarcas de Marruecos, son descendientes del profeta.

Algunos americanos se sienten libres para deconstruir Irak porque es un estado artificial “extraído del imperio otomano por T. E. Lawrence y Gertrude Bell.” Es, de hecho, el lugar en que han comenzado la escritura y los cultivos. Sus fronteras formales han ido cambiando a lo largo de los tiempos, par la población del valle del Tigris y el Éufrates ha seguido siendo la misma desde Hammurabi en 1780 a. de C. hasta L. Paul Bremer y el General David Petraeus.

La primera guerra mundial destruyó los sistemas otomano y austrohúngaro, ambos fatalmente debilitados por el nacionalismo antes de 1914, que encontró expresión con el desarrollo de la educación de las masas y la alfabetización de las aún abrumadoramente premodernas sociedades agrarias, y poco [apoyo] en las instituciones sociales y las elites educadas, esenciales para la creación de naciones-estado.

Gran Bretaña y Francia heredaron las posesiones árabes otomanas. La contribución americana a la situación post-1918 en Europa fue el proclamado principio de autodeterminación nacional universal de Woodrow Wilson. Esta popular proposición parecía justa, pero descansaba en la errada presunción de que las fronteras de etnicidad, lengua e historia local en los Balcanes y en la Europa Central y Oriental coincidían con fronteras políticas lógicas. Los resultados fuero nuevos agravios étnicos y nacionales y pretensiones irredentistas que contribuyeron al malestar de entreguerras e incitaron a la explosión fascista, creando un clima de violencia.

Las mismas fuerzas, explotadas por Slbodan Milosevic con el comunismo colapsado, causaron las terribles guerras de secesión de Yugoslavia de hace dos decenios. Croacia y Eslovenia habían sido parte del sistema occidental cristiano austrohúngaro, mientras que el mayor de los estados eslavos del Sur, Serbia, era ortodoxa y estaba emocional y nacionalmente ligada a Rusia.

Durante las guerras yugoslavas, los serbios se referían despectivamente a los bosnios como “turcos”, y la razón principal para su furiosa resistencia actual a la independencia de Kosovo a un territorio integrante de la identidad cristiana serbia bajo los dictados de una población albana y predominantemente musulmana, étnicamente ligada a Albania independiente, también principalmente musulmana.

La única solución realmente satisfactoria y pacífica a estos problemas en Europa ha sido la Unión Europea, con Eslovenia como miembro, Croacia próxima a serlo, y Serbia y Albania como aspirantes. La UE y la ONU han cooperado en la tentativa de persuadir a Serbia de adherirse al recientemente anunciado plan del mediador de la ONU, Martti Ahtisaari, par la autonomía de Kosovo, bajo supervisión internacional destinada a proteger a su 10% de población serbia minoritaria.

Ambas partes rechazan el plan, los kosovares por que no les otorga completa e inmediata independencia, y los serbios porque sería un arreglo “impuesto”, que violaría la Carta de la ONU que garantiza la integridad de los estados reconocidos.

La mayor parte de la Comunidad internacional que aún presta atención a los problemas postyugoslavos supone que el plan, que ha de ser aprobado por el Consejo de Seguridad de la ONU, no será vetado por Rusia y producirá, eventualmente, la independencia de Kosovo. Ninguna de las suposiciones es una certeza.

Más allá del nublado horizonte de la independencia de Kosovo está el problema del nacionalismo albano y el futuro de la diáspora albana fuera de los Balcanes. “Europa” –la europeización bajo la influencia de la UE- parece la única respuesta eventual, que puede restar importancia a los problemas étnicos y nacionales. Pero eso llevará mucho tiempo. Y tal solución no existe para lo que se ha hecho con Irak.

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Llevaba muchísimo tiempo -desde que perdí las utilidades de "blogger for word"- sin poder trasladar mis escritos archivados a esta bitácora. Por el simple método de "copiar + pegar" lo he conseguido. Jamás dejaré de asombrarme de lo zoquete que soy.

El texto es una osada e irresponsable traducción de un artículo de William Pfaff, publicado hace meses en el Herald Tribune, que se me había ocurrido perpetrar en su día.

Wednesday, June 20, 2007

Mis torpes intentos

Dudo mucho del resultado. He intentado subir a mi bitácora fragmentos de YouTube y otros videodifusores de la red. No garantizo su visibilidad ni su audibilidad. Carezco del sentido de la mesura y he colocado más de trescientos fragmentos de muy distintas procedencias. En buena parte, van al buen tun tun que me iban marcando los dueños de la red. Pero hay preferencias, que se pueden fácilmente adivinar. Por supuestísimo, ni son tod@s los que están ni están tod@s los que son. Una feliz coincidencia me hizo encontrar un homenaje bastante completo a Elisabeth Schwarzkopf. Hay, cuando menos, dos o tres docenas más de voces, masculinas y femeninas, que se merecerían el mismo homenaje, pero mi torpeza me obliga a recoger lo que encuentro casi al azar. Hay aquí más de veinticuatro horas de música: un exceso propio de un insatisfecho como el que suscribe. A falta de otras virtudes, creo que hay donde elegir. Va por ustedes.

Thursday, June 14, 2007

Bajo el fuego permanente

El grande y poderoso partido de la infamia tiene una pequeña fracción inscrita en el Ministerio del Interior con el nombre de Partido Popular. La cabeza visible oficial de esta punta del iceberg parece que quiere dar marcha atrás a su antipolítica terrorista y - a buenas horas mangas verdes - favorecer la colaboración y la unidad frente a la barbarie. No me lo creo. Ni ellos mismos se lo creen y aunque se lo creyesen no les dejarían. Su base social, sus militantes y forofos, sus mantenedores ideológicos y económicos, su sustrato y su intrahistoria no se lo van a permitir. Tampoco sus animadores, azuzadores y alentadores. Y tampoco muchísimos de sus votantes, entre los que sobreabundan los que embisten frente a los que piensan. La mal llamada y sedicente derecha democrática española está demasiado condicionada y lastrada por unas inercias y unos contrapesos que ni quiere ni puede quitarse de encima: ahí tienen como botones de muestra exhibidos en estos mismos días la contumacia de los abogados de la Asociación de Víctimas del Terrorismo y la exigencia en sede parlamentaria de la retirada de la ley de la memoria histórica. Me molesta mucho tener que darle la razón en algo a Esquerra Republicana de Catalunya, formación política constitutivamente disparatada y absurda, pero la tiene cuando advierte al gobierno sobre el peligro de la "tregua trampa" del Partido Popular. El quiebro de Rajoy sólo puede ser interpretado como un impulso electoralista, para consumo interno y externo, de cuya eficacia me permito dudar. Los púgiles populares se mueven mucho mejor en el terreno de la marrullería y el golpe bajo, de la insidia tramposa y el rodillazo en la ingle, de la provocación, del escupitajo sanguinolento y el derechazo al hígado: todo ello enardece a su público. Así que, bienvenido sea su apaciguamiento, pero no podemos ni debemos creer en él. Le espera, pues, al gobierno lidiar en lo que queda de legislatura bajo el fuego permanente de una oposición igual a si misma en todo tiempo y lugar, de los criminales de siempre (descerebrados, sí, pero no tanto como se piensa), de los poderes reales, del ruido y la furia de una parte importante de la opinión publicada y, no lo olvidemos, del partido que sustenta al gobierno, que tampoco da especiales muestras de lucidez y sí alarmantes señales ensimismamiento, torpeza, falta de reflejos (y en ocasiones de de escrúpulos) y camandulería dolosa. Sus votantes tampoco andan muy finos: cultivan la elegancia del abstencionismo con displicencia perezosa, merecedora de collejas que los espabilen. Con este panorama, estamos divertidos.

Wednesday, June 13, 2007

Disculpas


Gracias, Ximo por haberme obligado a recapacitar. Reconozco abiertamente, sin ambages, paliativos ni atenuantes que he transgredido las más obligadas normas formales de la buena educación al valorar de manera harto destemplada unas observaciones mezquinas sobre la figura de Ainhoa Arteta. Me lo ha señalado usted con toda pertinencia. Otros, con menos pertinencia, aunque nunca con impertinencia -aquí y en este caso el único impertinente soy yo- y desde puntos de vista totalmente alejados y aún contrarios a mis propósitos, han hecho otras observaciones, a las que he respondido con prolijas explicaciones, demasiadas explicaciones, sin duda. Mis exabruptos eran, antes que cualquier otra cosa, un chiste privado, que ningún lector ajeno a esa privacidad podía ni debía entender. Usted, mejor que nadie, me lo ha hecho ver con claridad. Aun cuando sea añadir torpeza a la torpeza, no evito decir que no era mi intención herir sensibilidad alguna. He herido varias y variopintas, todas ellas respetables y dignas de atención esmerada, pero es la suya la que más me duele haber vulnerado, porque atañe al sagrado deber de los buenos modales y no a "quid pro quo" ideológicos o a pruritos de distinta índole. Es también la más piadosa de todas, aunque me atribuya, inmerecidamente, "mala leche reconcentrada": Quiser eu, que dijo el Nobel portugués cuando alguien lo comparó con Eça de Queiroz. Lamento, sinceramente, mis excesos y reitero las disculpas. Consecuentemente, desaparecen de mi bitácora, que sigue siendo pública, mis apreciaciones privadas y con ellas mi entrada completa y todos las reacciones que han suscitado, que carecerían de inteligibilidad sin aquellas. La falta y el ridículo corren, por supuesto, de mi cuenta.

Wednesday, May 16, 2007

Don Giovanni en Vigo


A la hora de valorar una representación de ópera en esta ciudad, tal como me hizo observar un frecuente, amable, amistoso y culto comentarista de esta humilde bitácora, debemos siempre tener en cuenta la situación de partida, antes de que la renacida Asociación de Amigos de la Ópera de Vigo iniciase su nuevo ciclo vital. Para mejor entendimiento del asunto, ponía este inteligente amigo un símil futbolístico verdaderamente esclarecedor. Comparaba aquella situación, de Don Carlos búlgaros, Rigolettos inclasificables y Toscas imposibles con la de un equipo adscrito a la segunda división liguera (y colocado en los puestos "predescenso" de la tabla, añado yo). Debemos honestamente reconocer que la Madama Butterfly y, sobre todo, la Lucrecia Borgia del año 2006 elevaron la situación hasta el segundo o tercer puesto de la misma tabla y, en consecuencia, se ascendió a la primera división, en la que, ya finalizada la temporada 2006 - 2007, se ocupa, aproximadamente, un lugar décimoquinto que evita el descenso. Cierto que eventos singulares, como la epifanía de Violeta Urmana, permiten soñar con jugar la UEFA o incluso la Liga de Campeones. Conviene, sin embargo, tener presente, para que no se incurra en estéril autocomplacencia, que el cutrerío de La Traviata, parcialmente compensado con la indudable dignidad y más que aceptable calidad media del Don Giovanni de ayer, coloca el momento en el lugar que acabo de señalar (puesto arriba o puesto abajo). Baste como preámbulo de estricta justicia y observemos ahora, algo más de cerca, esa dignidad y esa más que aceptable calidad media. Voy a servirme para ello de un anárquico procedimiento, inspirado en la ducha escocesa, aplicado de manera absolutamente desordenada y radicalmente antihigiénica.
Chorro de agua helada primero: Katarina Jovanovic, gritona y estridente en el primer acto, ahogada e igualmente estridente en el segundo, perpetró una Donna Anna que encomendamos a la piedad del distinguido. Con asombrada perplejidad, mi amiga Dominique Cheutin, gran connaisseuse, me acaba de enviar un correo electrónico con el texto de un comentario a un concierto de la soprano serbia de julio de 2002 . Dice así : "La belle Katarina Jovanovic a un talent insolent. Captivante, touchante, perfectionniste, virtuose, grave, légère, primaseutière et tragique, profonde et généreuse, elle choisit, pour cet enregistrement en concert, un programme particulièrment adapté, qui met en valeur ses capacités étonnantes. [...]" Es decir, destaca todas la cualidades, calidades y virtudes que harían de ella la más grande Donna Anna de todos los tiempos presentes, pasados y venideros, porque, en efecto, el papel tiene tales dificultades y exigencias que no conozco a ninguna soprano que las reúna todas y con el grado e intensidad necesarios. ¿Qué ocurre? ¿Qué ha sucedido? Me atrevo a formular, por orden de plausibilidad, las siguientes hipótesis: a) la Jovanovic estaba ayer gravemente enferma; b) en los cinco años transcurridos desde julio de 2002, ha venido sufriendo un progresivo y acelerado deterioro estético y vocal que requiere, cuando menos, un prolongado reposo reparador; c) el comentarista que escribió las líneas que acabo de reproducir sufría a la sazón una preocupante crisis alucinatoria o se había bebido a morro una botella entera de absenta, lo que en absoluto se compadece con la obtención por la diva de la unanimidad en el otorgamiento del Premio Montserrat Caballé del año 2000 ni, mucho menos, con los comentarios elogiosísimos al amplio repertorio de Doña Katarina que fácilmente se pueden encontrar en la red.
Chorro de agua cálida y reconfortante: La, en casi todos los sentidos, ligera Valerie Gabail hizo una Zerlina deliciosa, delicada y magníficamente cantada, a la que tan solo faltó una pizca de picardía y golfemia en el ofrecimiento a Masetto del bálsamo que lleva puesto, que es natural, y muy sabroso y el boticario no sabe hacer. Pero esto no es tanto culpa suya como de quien ideó la puesta en escena, de la que luego hablaremos. Su celoso prometido, el ingenuo Masetto, estuvo muy bien servido por el bajo Tobby Stafford-Allen, que acertó plenamente con las características del personaje y cumplió con amplitud sus no demasiado comprometidas exigencias vocales.
Chorros de agua a temperatura justa y equilibrada: La atlética y en absoluto exenta de tirón erótico Madelaine Wibom sacó adelante con mucha prestancia una Donna Elvira un tanto acelerada y, por momentos, muy ligeramente destemplada, pero convincente; y el inicialmente indeciso Nial Chorrell propició un Don Ottavio muy a la medida, aunque tal vez algo escaso de potencia.
Chorro de agua imperceptible para la piel de los bañistas: el casi inaudible Orlando Mason no permite comentarios. Estoy por decir, pero no me atrevo del todo, que andaba bastante flojo de graves y que le faltaba resuello para redondear los finales de cada frase musical. La Orquesta Amigos de la Ópera de Vigo, muy correcta, pecó quizás de excesivamente alta, contribuyendo con ello a apagar casi por completo la voz de este larguirucho, con excelente vis cómica, pero necesitado de amplificación. Una lástima, porque las intervenciones de Leporello y, sobre todo, el aria del catálogo, son para quien esto escribe de todo punto esenciales en el desarrollo de esta obra maestra. Donna Anna aparte, creo que fue Leporello el personaje peor tratado de esta producción: empiezan por acanallarlo en exceso haciéndolo no ya émulo de su amo, sino cooperador necesario del asesinato del comendador, cuando facilita al disoluto la navaja homicida. Continúan ninguneándolo obligadamente al desproveer de invitados e invitadas la celebración de los esponsales de Zerlina y Masetto: esta mutilación impide que el acercamiento sobón de Don Giovanni a la pareja, acompañado de la frase "v'esibisco la mia protezione" sea respondido por Leporello con el cachete de nalgas a una de las campesinas y con la excusa "Anch'io, caro padrone, esibisco la mia protezione". Y concluyen colocándole un pelucón infame y sirviéndolo con el aludido inaudible (¿acatarrado?, ¿resfriado?).
Muy aplomado, a pesar de su corta envergadura física, y con elegante empaque vocal, el bajo Johannes Schmidt, que dio "vida mortal" a un Commendatore de libro y en todo momento impecable: chorros de agua muchísimo más que templada.
Del mismo nivel y temparatura son las emanaciones del barítono Ivan Ludlow que, muy convenientemente ayudado por una apostura que favorece la credibilidad del seductor, encarnó un Don Giovanni vocalmente seguro y firme e interpretativamente impostado a las discretas dosis que evitan la sobreactuación.
Mientras nos secamos con toalla envolvente, comentemos lo que queda por comentar de una puesta en escena discutible, algunos de cuyos resabios han sido ya esbozados. La austeridad monacal de su planteamiento no encubre unas pretensiones intelectuales algo refitoleras que se traducen en el simbolismo asaz obvio de la considerable cruz de madera, por momentos móvil, que visible a ratos e invisible a otros, preside a perpetuidad el fondo de escena. A esta cruz increpa y amenaza "post mortem" un Don Giovanni aún presente en el corazón de todos, con un gesto ingenuamente provocador, del que el público, ansioso como estaba por aplaudir con desafuero, apenas si se enteró. ¿Merece el calificativo de ingenioso el recurso de poner unas pequeñas trabas practicables de madera en el tercio inferior de las patas de las mesas, para que, volcadas éstas sobre sus tablas, permitan sugerir las cruces de las tumbas de un cementerio? No lo sé. Lo que sí sé es que no me pareció ni medio bien (aunque tal vez la necesidad haya obligado) que se haya prescindido de la presencia coral de los campesinos en la secuencia esponsalicia y en el baile de disfraces: desnaturaliza el sentido de los mismos.
Dejo para otro día, y expresamente invito a Don Roberto Relova a participar (lo que me honraría sobremanera), la discusión sobre el carácter mítico-divino de los tres personajes femeninos (Atenea [Minerva] - Donna Anna; Hera [Juno] - Donna Elvira; y Afrodita [Venus] - Zerlina). Adelanto que, también respecto de estas cuestiones "teológicas" tenemos mayor y mejor capacidad de entendimiento los ateos practicantes.

Saturday, May 05, 2007

Un acontecimiento: Violeta Urmana en Vigo

Debo, antes que nada, felicitar con todo el entusiasmo del que soy capaz, a los miembros de la Junta Directiva de la Asociación de Amigos de la Ópera de Vigo, que consiguieron, sin regatear esfuerzos, ofrecer a la ciudadanía olívica este acontecimiento, que me atrevo a calificar como el más relevante de los últimos veinticinco años de la lírica local. Creo incluso que me quedo corto con lo de los últimos veinticinco años. Cierto que durante el último cuarto de siglo han visitado Vigo figuras de la talla de Teresa Berganza, Anne-Sophie von Otter, Jennifer Larmore, June Anderson, Barbara Hendricks o Kiri Te Kanawa (entre otras, y por referirme sólo a voces femeninas). Pero ninguna con las exigencias de programa y la brillantez de resultados con que ayer nos apabulló, más que asombró, la soprano lituana. Comenzó su recital con los cinco fabulosos Wesendonck Lieder, de Wagner y Mathilde Wesendonck, que tienen su origen en la inveterada y provechosa costumbre del teutón de seducir a las esposas de sus anfitriones y mecenas (o de dejarse seducir por ellas, que tanto da). Está claro que la señora Wesendonck no era Heine y ni siquiera tenía el talento versificador del propio Wagner, pero tampoco hay duda de que en el invernáculo de la villa zuriquesa de su marido Otto no sólo las plantas abrían de par en par sus brazos ardientes de deseo ("weit in sehnendem Verlangen breit ihr die Arme aus"). Y abrir las extremidades de par en par puede hacer brotar un inagotable manantial creativo, hasta el punto de inspirar Isoldas o Walkirias, por mucho que cueste imaginar al tripón y próspero comerciante Wesendonck como rey Marke o a su esposa con armadura y casco alado. Bromas aparte, la Urmana atacó estas piezas conmovedoras y sublimes con una cautivadora mezcla de fuerza y delicadeza . Los siete lieder straussianos que siguieron (Träume, Morgen!, Wir beide wollen springen, Befreit, Zueignung, Schlechtes Wetter y Cäcilie) sirvieron para dar una lección de pertinencia y exactitud de estilo y expresión, que se hizo aún más patente en las cinco canciones de Rachmaninov (incluida la archifamosa y un tanto edulcorada Vocalise) con las que se inició la segunda parte del programa y que fueron continuadas con un electrizante Vissi d'arte, un abrumador Suicidio! y una Pace, pace a la altura de las más excelsas Leonoras desde 1862 hasta hoy, desde San Petersburgo al Metropolitan.
Tres propinas nos regaló Doña Violeta: el lied de Richard Strauss Mit deinen blauen Augen ("Con tus ojos azules"), la chanson de Poulenc Violon y las Coplas de Curro Dulce de Obradors, que terminaron sumiéndonos en el asombro más boquiabierto de cuantos he contemplado en esta santa ciudad, muchos de cuyos "aficionados", lamentablemente, aún no han aprendido que no se debe jamás aplaudir entre piezas de un mismo ciclo o autor porque se corre el riesgo de desconcentrar e incomodar al intérprete y se perpetra un coitus interruptus emotivo entre éste y su público entregado. Guarda alguna relación con esto que no se deberían dar invitaciones a según que personas sin antes instruirlas sobre las más elementales cortesías del espectador lírico, amenazándolas incluso con cortarles la mano para que, en lo sucesivo, aplaudan con el muñón si ese es su molesto capricho.
El bellísimo timbre oscuro de la voz de Violeta Urmana, sus prácticamente ilimitadas extensión y amplitud, su potencia sutil y matizada hacen de ella un "todoterreno" impresionante, que despacha con idéntica solvencia la ligereza de una Vocalise que el violento dramatismo de las más arriscadas arias veristas, la orfebrería de un lied de Strauus o el arrebato de la canción española. Sombrerazo. Y que se repitan cosas así.

P. S. Tenía yo, después de cerrar esta entrada, la incómoda sensación de que algo importante me había olvidado de referir y no fui capaz de recordarlo hasta que un amable lector de mi bitácora, me refrescó la memoria con su comentario, cuya generosidad, excesiva y de todo punto inmerecida, me abruma: el acompañamiento al piano de Jan Philp Schulze (marido, al parecer, de la diva) , elegante, pulcro, refinado, respetuoso y sensible, tan enfundado en el canto que suplió con ventaja la presencia de la orquesta en los Wesendonck. Tampoco quiero dejar sin glosa, porque se la merecen, las pertinentes y documentadas notas al programa de Darío Comesaña, a quien de nuevo felicito con admiración y amistad. Agradezco también a la gran y sensible connaisseuse que es Dominique la corrección ortográfica que me hizo: Vocalise se escribe con una sola "ese" y no con dos, como este patán y servidor de ustedes perpetró. Mis sinceras disculpas.

Tuesday, May 01, 2007

Wolfowitz, o algo así

Este careto rebosante de soberbia, de desfachatez, de arrogancia colérica y de malas miasmas pertenece a uno de los actuales amos del mundo. ¿Confiaría usted a este tipo la educación de sus hijos? ¿Negociaría con él la ampliación de un crédito hipotecario? ¿Pasearía a su lado más de cincuenta metros? ¿Le importaría encontrárselo de frente en una calle mal iluminada a las dos de la madrugada? ¿Le invitaría a cenar a su casa? ¿Tomaría un café en su compañía? ¿Le disputaría una partida de tute subastado? ¿Le interesa su opinión sobre el Macbeth de Shakespeare? ¿Le asustaría verlo entrar en el quirófano como el cirujano que le va a operar a corazón abierto? ¿Le preguntaría por la farmacia más próxima? ¿Se atrevería a dirigirle la palabra en el metro? Me gustaría que se realizase una encuesta planetaria sobre estas cuestiones. De las respuestas recibidas puede depender, en buena medida, nuestro futuro como ciudadanos y como seres vivos.

Tuesday, April 24, 2007

Valores, soberbia y simpatía

Jamás me habría imaginado escribiendo sobre operaciones bursátiles (grandes, pequeñas o mínimas) y sigo sin poder imaginarme incurso en tamaño despropósito. Mi osadía tiene límites escasos, pero los tiene y un elemental pudor me impide hablar de algo sobre lo que tengo los mismos conocimientos que sobre cálculo infinitesimal, es decir, absolutamente ninguno. No voy a hablar, pues, de la Comisión Nacional del Mercado de Valores, sino de quien hasta ayer fue su polémico titular, Don Manuel Conthe. Este caballero de aspecto recio y contundente, con cierto aire de duro contradictorio de película con pujos de sutileza, es una tentación para cualquier profesional o simple aficionado del fotomatón literario. Los surcos y las anfractuosidades de su rostro de piel dura y áspera no parecen, lamentablemente, estigmas de trabajos forzados a pleno sol ni cicatrices de enconadas batallas, sino secuelas de pertinaces y muy severas eflorescencias de acné juvenil. Su mirada acuosa y sus ojeras de insomne delatan una melancolía muy controlada que en nada se contradice con el aplomo y la arrogancia de un triunfador absoluto. A un varón de tal formato se le nota mucho que jamás pudo albergar en su cráneo bien amueblado la más mínima duda acerca de su excepcional valía, y esta seguridad berroqueña hubo de verse siempre reforzada y especularmente confirmada en el gesto de sus interlocutores. En su comparecencia de ayer exhibió capacidad discursiva, voz bien timbrada, aromas de soberbia y garbo para el desplante y el envite de salón. Sobreabundó en citas, desde Gracián a Kavafis, desde el refranero francés a Lope de Vega, desde Castán Tobeñas a Indalecio Prieto. Estos arriesgados saltos referenciales apenas tiñeron de pedantería y sí salpicaron de cierta gracia su pugnaz exposición. Lástima que el punto más fuerte de sus argumentos haya sido la condena del positivismo jurídico, traducida en la exigencia de que el gestor público eficaz y resolutivo necesite no sólo aplicar la ley con firmeza y eficiencia sino interpretarla adecuadamente para obtener los legítimos fines que el propio gestor entiende justos y benéficos. Una experiencia funcionarial añeja y con mucha costra me hace muy refractario a tan autocomplaciente y autorreferido canto al sol. Tal vez justo ahí esté la clave de que una brillantísima soflama parlamentaria haya, paradójicamente, defraudado a tirios y a troyanos. Y es que, en política, los juegos de artificio sólo deben hacerse tras haber ganado las batallas con fuego real. Por lo demás, me satisfizo mucho que un individuo con todas las papeletas y pronunciamientos previos para resultar antipático y cargante, me haya parecido un orador atractivo y sugerente, con quien no me importaría pasar unas horas tomando copas e intercambiando consideraciones.

Tuesday, April 10, 2007

Recurso y sentencia


La transcripción que voy a hacer a continuación del recurso interpuesto por un condenado en juicio de faltas ante una Audiencia provincial contra sentencia de un Juzgado de Primera Instancia e Instrucción, y de la subsecuente sentencia de la tal Audiencia provincial que resuelve sobre el dicho recurso, no es susceptible de comentario alguno. Recurso y sentencia glosan por si mismos esos hechos singulares en los que la realidad supera al arte. El condenado recurrente merece los premios Mariano Cavia, Ortega y Gasset e incluso el Nacional de Literatura con sólo sus diez escuetas líneas manuscritas. La sentencia me reconcilia (sólo un poquito) con el colectivo profesional y el poder del Estado que constituyen los jueces, por su ejemplar e infrecuente sentido del humor. Transcribamos sin más preámbulos. Dice el recurso (literalmente y sin correcciones ortográficas):
"No estoy de acuerdo con la sentencia por que, de haberme presentado a la hora citada, la sentencia podría ser otra."
"El motivo por el cual llegé 10 minutos tarde, es que justo cuando decidí salir de casa para presentarme a la citación, me entraron ganas de cagar y no podía aguantarme."
"y por esos motivos presento el recurso de apelacio"
Y rezan los FUNDAMENTOS DE DERECHO de la sentencia:
"PRIMERO: Se alza la parte recurrente frente a la resolución de la instancia sobre la base de un singular motivo cual es el de que llegó 10 minutos tarde al acto del juicio, lo que impidió su comparecencia, porque cuando decidió salir de casa para presentarse a la citación le entraron ganas de cagar y no pudo aguantarse. Simple y llanamente así."
"Sin duda alguna, en la tesitura de escoger entre una y otra deposición, una, por evacuación del vientre, otra, por manifestación ante el Juez como acusado, cualquier persona habría de optar por la primera por los graves apremios que supone el caso de no ser satisfecha esa necesidad fisiológica, siendo poco higiénica la presentación ante un Tribunal en otras condiciones que no sean las de un completo descargo. Precisamente el recurrente sostiene que por hacer una cosa no pudo hacer la otra, lo que le supuso la inasistencia al acto del plenario y la condena por atender el Juzgador a una sola de las versiones, la del contrario. Sin embargo, pese a lo expuesto con anterioridad no podemos acceder a lo que se nos solicita porque la parte ni demuestra la existencia del sorpresivo apretón que refiere, ni acredita que, cuando después de sofocar sus presurosas consecuencias, acudió inmediatamente al acto del juicio, éste ya había concluido."
"Mucho nos tememos que la que el recurrente llama causa de su inasistencia no sea sino una forma de burlarse de la administración de justicia que le ha condenado, que si bien admitimos con sentido del humor desdeñamos como motivo de apelación."

"SEGUNDO:
No existiendo costas en la apelación de la presente causa, resulta ocioso pronunciarse sobre las mismas."

Monday, April 09, 2007

Paremiología, ciencia y divina providencia


El final de la cuaresma litúrgica proporciona estadísticas de accidentes de tráfico, imaginería andante, encuentros con viejos amigos, celebraciones patrióticas y alguna noticia chusca. Prescindiré de los accidentes y de las celebraciones, porque unos y otras acarrean mal fario. La espléndida columna que publicó Manuel Vicent el domingo de Pascua en El País me inhabilita absolutamente para decir cualquier cosa sobre procesiones y nazarenos, salvo que no habrá libertad de expresión por estos pagos mientras no se juegue el pellejo cualquiera que tenga la osadía de intercalar entre saetas o silencios devotos una descomunal blasfemia en prosa o en verso, cantada, recitada o simplemente gritada a pleno pulmón. Por lo que hace a los encuentros con los viejos amigos, quiero festejar el de una antigua compañera de curso con la que compartí almuerzo el llamado sábado de gloria. Mientras esperábamos en la solanera de un restaurante rural a que nos aderezasen la mesa en el interior, un anciano robusto y de ojos achispados se zampaba una montaña de percebes, acompañados de un vaso de sidra rebosante de cerveza. Pegamos la hebra con el valetudinario glotón, que se quejaba de sus descendientes varones y alababa las virtudes de las hermanas de tales pinchahuevos. "Vale más una hija puta que un hijo cardenal", le comentó, condescendiente, mi amiga. El vejete no pudo reprimir una risa conejil y algo convulsa que le hizo regurgitar parte de la cerveza que estaba bebiendo en ese momento. Sin que ninguno de los tres lo advirtiéramos, la dueña del restaurante, hija del tragón jocundo, estaba contemplando la escena y escuchando la conversación por detrás de los interlocutores: "¡Eso es hablar, señora! ¡Tiene usted más razón que una santa!", le oímos decir. A partir de entonces todo fueron amabilidades con nosotros. Cuando alcanzó el suficiente grado de confianza (mientras nos servía el segundo plato), nos espeta: "¿Saben ustedes que yo tengo un hermano cardenal?". La carcajada fue entonces unánime y sonora. Por supuesto, tengo apuntado el nombre y el teléfono del figón en siete sitios distintos para que lo pueda encontrar la próxima vez que viaje a mi provincia de nacimiento.
El otro encuentro amical que quiero glosar fue con un profesional de la medicina sabio, responsable y jovial, combinación difícil dónde las haya. Salía de una iglesia acompañado de su mujer, su suegra y otras piadosas damas. Tras los saludos de rigor, se hizo un pequeño "aparte", mujeres por un lado, varones por otro, en el que yendo de un lugar común a otro terminamos recalando en el vidrioso tópico de las curaciones difíciles, las esperanzas de vida, la importancia del mapa completo del genoma humano y de las posibilidades que abre en el progreso de la medicina, al que mi amigo no ponía límite alguno. Conocedor de su conservadurismo, empezaba yo a sorprenderme un tanto de su discurso, cuando me regala una apostilla tranquilizadora y balsámica:
-Todo esto y la divina providencia, claro está.
¡Y tan claro!, me digo yo a mi mismo. En mi incorregible ingenuidad, sigo asombrándome del prodigio neuronal que lleva a estas gentes a confiar en el método científico y creer simultánea y ciegamente en la voluntad divina.
Tenía pensado también hablar de las inhalaciones de polvo paterno de Keith Richards. De esto es Moncho Alpuente el responsable de que me inhiba. Me enteré de las bizarras declaraciones por mi mujer, que había sabido de ellas por otra persona que no conocía la identidad del sujeto. Este desconocimiento tuvo un efecto maravilloso: me entró un ataque de risa repetitivo, jocundo e interminable que no hubiese tenido lugar si estuviese enterado de quien era el propietario de la nariz esnifadora, antropofágica y, en cierto modo, edípica.

Saturday, March 31, 2007

La Traviata en Vigo


La temporada 2007 en Vigo, promovida por la Asociación de Amigos de la Ópera de la ciudad, quedó inaugurada con esta representación de La Traviata, precedida de una mesa redonda en la que participaron el director musical, el director artístico, las tres voces principales y el productor, y que tuvieron lugar, respectivamente, los días 30 y 29 de marzo de 2007 en el Centro Cultural Caixanova. En la mesa redonda quedaron satisfactoriamente explicadas las razones de una puesta en escena, las peculiaridades compositivas de la obra y las características vocales y psicológicas de cada uno de los personajes, así como sus dificultades vocales, especialmente las de la protagonista, Violeta Valéry. Cuando al día siguiente tuvimos ocasión de ver y oír lo que se nos había anunciado, la impresión fue un tanto confusa. La puesta en escena, menos rompedora y provocativa que menesterosa y precaria, más ocurrente que imaginativa, provocó, en el primer acto, el rechazo (más bien pudibundo), de muchas damas del público. Creo que no había razón para el reproche. Creo también que el intento es manifiestamente mejorable. No tengo ningún reparo en que se muestre, en toda su crudeza y desnudez, la condición de prostituta de la protagonista, siempre que no se olvide que la Valéry es una cortesana, es decir, una meretriz de lujo, que se desenvuelve entre aristócratas y multimillonarios. Y la escenografía de Filiberto Montesinos, con dirección de escena de Federico Figueroa, aún con su aire de misterio de "sociedad secreta" (en la línea de Eyes wide shut de Kubrik, según ilustró el productor en la mesa redonda), evoca mejor un puticlub de frontera que un salón orgiástico de fornicio plutocrático. La extrema sobriedad del jardín de la casa de campo de Violeta, la elementalidad "lampadaria" del salón de Flora Bervoix y la sustitución del dormitorio de Violeta por una sala de hospital van en mejor línea, aunque me temo que hacen de la necesidad virtud, como también la hacen el vestuario de rebajas que lucen la práctica totalidad de los personajes, desde el combinado de la protagonista (que se puede observar en la fotografía) al inefable conjunto de chaqueta, pantalón y zapatos de Germont padre, más propio de un tratante de cabras que de un hacendado provenzal. No es mala idea, sin embargo, la inclusión de bailaoras y bailaores en la fiesta de disfraces: la misma música "seudogitanohispana" que Verdi le puso a la escena la propicia.
En lo propiamente musical, vamos a dejar en un piadoso olvido la totalidad del primer acto, en que no se salvó ni dios. Con la llegada de Giorgio Germont, las cosas empezaron a mejorar progresivamente hasta alcanzar un nivel de calidad y emoción algo más que aceptables en el tercer acto, con un Addio del passato templado y firme, un Parigi, o cara condenado por la absoluta falta de delicadeza de Marcello Bedoni pero redimido por la intercesión de Svetla Krasteva, y un Gran Dio! Morir sì giovine a la altura de las exigencias. El triunfador de la noche fue, sin duda, el barítono Luis Cansino (vigués, según manifestación propia, aunque nacido en Madrid según el programa de mano), que hizo un Giorgio Germont seguro y recio, pero también sutil, con un color de voz preciso y hermoso. El rol protagonista, desenvuelto por una Svetlana Krasteva fría y descolocada hasta la mitad de la función, se resintió notablemente durante todo el primer acto (en el que hasta el tópico brindis quedó deslucido y soso), con unas agilidades forzadas e inseguras y unos arranques desentonados que hicieron del Sempre libera un incesante manantial de zozobras. Como ya quedó dicho, la soprano búlgara se redimió (y redimió a otros) a partir de la mitad del segundo acto. No tuvo suerte el frágil personaje de Alfredo con su ejecutor Marcelo Bedoni, física y vocalmente más próximo a un rufián de taberna que a un enamorado romántico y doliente. Las secundarias Annina (Pilar Moro) y Flora Bervoix (Milagros Martín), una de trapillo y otra de gala, se mostraron como las dos intérpretes mejor vestidas del elenco y, en lo canoro, estuvieron a la altura exigible de sus breves intervenciones.
Capítulo aparte, y en negativo, merece la Orquesta Sinfónica de Gijón. Dirigida por el joven Óliver Díaz, está aún demasiado verde para acometer empresas de la envergadura de La Traviata. Es bueno y saludable que proliferen orquestas y formaciones musicales, y en cuantos más lugares mejor. Pero, por el momento, el conjunto gijonés está aún muy lejos de poder siquiera competir con su coterránea Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias. Hay, pues, que congratularse de su existencia y que desearle un futuro brillante. Pero hay también que reflexionar sobre la conveniencia de que las expresiones artísticas sobrepasen los afanes meramente localistas.

Tuesday, March 27, 2007

El Holandés errante, visto por Darío Comesaña


Darío Comesaña es, entre otras muy notables cosas, miembro de la Junta Directiva de la Asociación de Amigos de la Ópera de Vigo. No hace mucho que lo conozco, pero estoy en condiciones de afirmar que es hombre de aguda inteligencia, de profundos saberes y amplias erudiciones, amante sincero de la música, wagneriano devoto y persona excelente y excelentemente bien educada. Con todas estas virtudes, y con una habilidad envidiable en el manejo de las nuevas tecnologías auditivas y visuales, nos regaló ayer una charla que, en el marco del ciclo La Ópera y el Mar: el barco de las pasiones, pronunció en el salón de actos del Centro Cultural Caixanova en Vigo. Rigor, precisión, sensibilidad, orden, método, amenidad y conocimientos extensos y magníficamente relacionados fueron las prendas principales de esta conferecia digna de memoria. Cantadas las virtudes de expositor y discurso, cúmpleme ahora manifestar una humilde discrepancia con la visión de Darío de esta ópera inspirada en un breve relato de Heine, que el propio Wagner caracterizó como síntesis de dos mitos: el viaje de Ulises a Ítaca y la leyenda del judío errante.
Observa Darío en Senta, la protagonista femenina de la ópera, una infinita piedad ascética (pietista, se diría) que la mueve invenciblemente a la redención del sufrimiento inextinguible a que está condenado el desdichado holandés por su temeraria blasfemia pretérita. Veo yo, con su permiso, una profundísima "com-pasión" amorosa (humana, demasiado humana) que la lleva hasta el último sacrificio en su finalmente desesperado ímpetu redentor. Coincidimos ambos en los afanes salvíficos de Senta, pero Darío la santifica y yo la planto en la tierra. Por eso mismo, me gusta de la puesta en escena de Harry Kupfer (la que se nos mostró en la conferencia) que Senta no se arroje al mar sino que se precipite en el duro suelo, desde el que la posibilidad de emerger en vuelo ascendente hacia los cielos es absolutamente nula. Pienso también que esta solución, sólo en apariencia "fuera de libreto", se compadece mejor con las cosmovisiones de Wagner y de Heine, tan distintas e incluso contrarias, pero convergentes en su negación de cualquier forma de transcendencia. Admito, por supuesto, la refutabilidad absoluta de mi opinión, pero debo aclarar que creo sinceramente que no se sustenta en mi condición de ateo practicante, sino en principios de orden estético. Mi ateísmo es, desde luego, radical, hasta el punto de defender la certeza de que la religiosidad y el instinto de rapiña son, por ese mismo orden, las dos causas principales de la imposibilidad de la utopía de un gobierno justo en el mundo. Es radical, pero no intransigente: está dispuesto incluso a admitir que Voltaire haya pedido confesión en su lecho de muerte o que Heine, atacado de insufrible esclerosis múltiple, invocase al "eterno" en su dolor constitutivo, aunque me parezca mucho más plausible que el primero se siguiese riendo de Agustín Calmet, el abad de Senon, y el segundo maldijera hasta la mismísima "creación". Esta "tolerancia" obedece a convicciones sinceras, pero también a una consideración un tanto pragmática y bastante poco heroica: provocar a los creyentes es un negocio muy poco rentable y extremadamente peligroso (basten como muestras las fetwas islámicas, los manifiestos de la Conferencia Episcopal o los exabruptos de su órgano de radiodifusión).
Es una lástima que estos comentarios y observaciones, que no tienen vocación de impertinentes, se hagan por escrito y en diferido. Sugiero a los Amigos de la Ópera que den turno de palabra (breve) a los asistentes a las charlas que organizan. Si así lo hacen, prometo solemnemente, por Mozart y por mi honor, no abrir la boca, para bien ni para mal, en ninguno de esos turnos: Vade retro.

Monday, March 05, 2007

Anna Netrebko & Rolando Villazón: Duets


Anna Netrebko & Rolando Villazón: Duets
Las astucias son siempre las mismas, pero el sello amarillo hace cada vez mejor sus trampas publicitarias. El "videoclip" de La Bohème ("O, soave fanciulla") es puro caramelo recalentado, pero funciona. ¡Vaya si funciona! Se ve con claridad que me estoy aproximando acelerada y peligrosamente a la condición de viejo libidinoso. Debería tener más en cuenta el conocido lamento que Shakespeare pone en boca del ridículo Falstaff, que Orson Welles recoge en Campanadas a medianoche, y que se refiere al deseo, a la potencia y a la mísera condición humana.

Saturday, March 03, 2007

Victoria de los Ángeles

La discográfica catalana Columna Música ha concebido la idea excelente de publicar grabaciones más o menos inéditas de la gran soprano barcelonesa y comienza la andadura con este disco, que recoge los recitales de Tokyo de los años 1988 y 199o y contiene seis lieder de Schumann, otros cuatro de Schubert, las Cinq Mélodies populaires grecques, de Ravel, tres chansons de Hahn, las Cinc Cançons tradicionals catalanes, de Manuel Garcia - Morante (que es quien la acompaña al piano), El paño murciano, de Nin, y dos propinas: El majo tímido, de Granados; y El Vito, de Nin. Recomiendo con entusiasmo la audición detenida de estas veintiseis joyas no sólo como merecidísimo homenaje a la más cristalina de las voces líricas del siglo pasado, sino como ejercicio de goce sobresaliente.

Wednesday, February 28, 2007

Emilio I el Ludópata


¡Meigas fora! El título de mi entrada de hoy en absoluto quiere sugerir que el actual presidente del órgano de gobierno de Galicia dilapide los cuartos de los contribuyentes en el bingo, en la ruleta de La Toja o en garitos clandestinos de póquer. Aclarémonos, pues. En la web institucional de la Junta gallega se puede leer hoy este titular: "Pérez Touriño proclama "la apuesta nítida y sin ambigüedades" en la defensa del litoral acordada en la cumbre galaico - asturiana de Oviedo." Felicito al litoral y me congratulo de que su noble defensa haya sido acordada en mi Asturias natal. Entre parientes consanguíneos, aunque sea en cuarto grado colateral, las cosas se arreglan mejor. No es esa la cuestión por la que me pongo picajoso. Lo que me provoca leve prurito es la monocorde insistencia del señor presidente en utilizar el verbo apostar cada vez que enhebra una frase de más de tres palabras. Si nos atenemos a sus manifestaciones orales y escritas, Don Emilio, en persona, y el gobierno que preside, como colectividad, se pasan los días y las noches apostando: apuestan por la extensión de las nuevas tecnologías en el ámbito rural, por la conexión de alta velocidad con Portugal, por la planificación urbanística respetuosa, por la galleguización de la enseñanza pública, por la participación de los usuarios en la gestión de la sanidad, por la mejora de los piensos para la cabaña vacuna, por la promoción de la moda autóctona y por todo cuanto esté en oferta política. Y ahí esta el problema: Touriño y sus consejeros se esfuerzan en darnos la impresión de que carecen de intenciones, de proyectos, de empeños, de voluntades, de afanes o de propósitos; de que, simplemente, apuestan. Alguien dijo que el primero en comparar la mujer con una rosa fue un genio y el segundo y los siguientes unos mentecatos. Es precisamente eso lo que me irrita. En tiempos de la manida transición, a alguien (no sé a quien) se le ocurrió un buen día decir algo así como "los socialistas (o los ucedeos, o los populares, o los comunistas, o los convergentes o los vascos, etc.) apostamos por...". Y ahí se armó la tremolina. Al día siguiente, a la semana siguiente, al mes siguiente y en los lustros y decenios sucesivos se prodigaron las apuestas políticas con tal intensidad que la inicial metáfora ocurrente se convirtió en un latiguillo insufrible. Pérez Touriño es un usuario demasiado avanzado del topicazo molesto y lo repite cada vez que abre la boca. ¿Se trata de una pobreza léxica lamentable o es acaso la expresión exacta y precisa de que, en política, resulta preferible apostar, esto es arriesgar al azar el logro o la frustración de unos objetivos, a programar, estudiar, trabajar y vencer obstáculos en su prosecución?

Thursday, February 08, 2007

España es una patente mía

Vean, observen y lean la viñeta que hoy, 8 de febrero de 2007, publica El Roto en ELPAÍS. Para la buena salud del derecho de sucesiones, es grato comprobar que los herederos legítimos del tipo del bigote, gorro cuartelero y mosca en la punta derecha del cuello de la guerrera conservan intactas las expresadas ideas del causante. Herederos con o sin bigote, barbados o rasurados, con guerrera, con toga, con sotana, o con traje de Armani, pero todos ellos con mosca en algún lugar estratégico de su indumentaria, hacen gala en cualquier lugar, incluída la calle (que es suya) de la lograda reivindicación de su mentor y padre espiritual. Resulta, sin embargo, algo más preocupante que sedicentes izquierdosos y agraviados cofrades de las merindades identitarias, periféricas y perimetrales piensen exactamente lo mismo.

Wednesday, February 07, 2007

Elina Garanca


Elina Garanca
Reincido con más publicidad gratuita de mis favoritas jóvenes.

Thursday, February 01, 2007

Ana Maria Martinez - Home


Ana Maria Martinez - Home

La conocía tan sólo a través de las grabaciones de las óperas de Albéniz Merlín y Harry Clifford. Acabo de verla como Fiordiligi en un DVD grabado en directo en el último festival de Salzburgo. Convincente.

Thursday, January 18, 2007

Bueno, Zapatero y Alicia




Vaya por delante que estimo a Gustavo Bueno como uno de los filósofos más sólidos y originales de los tres o cuatro últimos decenios y que el libro que quiero muy someramente comentar nada añade ni resta a esta consideración sumaria.
Dicho esto, y renunciando de antemano a la más mínima pretensión analítica, cúmpleme aventurar que Bueno, en Zapatero y el pensamiento Alicia, como los jugadores sin fortuna en el juego de las siete y media, o es excesivo, o es deficitario; o se pasa o se queda corto. Un ilustre buenólatra, José Ignacio Gracia Noriega, periodista y, entre otras cosas, miembro del consejo de redacción de El Basilisco, la revista filosófica que dirige el autor de Ensayos materialistas, comentaba hace poco en un artículo encomiástico la desproporción entre las estaturas intelectuales de Bueno y de Zapatero, de la que se podría inferir que la actividad del primero para demoler la inanidad del segundo era algo así como matar moscas a cañonazos. Mucho de esto, en efecto, habría si el propósito del libro fuese simplemente poner en solfa ciertas formas de "razón" y comportamiento preñadas de sedicente buena fe y "angelical" candidez, propias de curas sin sotana ni orden sacramental, de monjas laicas, de asistentes sociales con pretensiones a poltrona, de prebostes frailunos, de progresistas a la violeta, de majetes "oenegarios" y demás ejemplares de la fauna scout, presentando al actual presidente del gobierno como menguado paradigma de todos ellos. Para ridiculizar los dichos productos mentales y plasmarlos en el rostro, ciertamente un poco pánfilo y algo pazguato, de Don José Luis Rodríguez Zapatero, no es de ninguna manera necesario tan formalizado y exhibicionista aparato académico. Pero ocurre que la diatriba de Bueno tiene un alcance bastante más ambicioso. Porque, como el propio filósofo expresamente manifiesta, lo que él caracteriza como "pensamiento Alicia" no impregna solamente las formulaciones de Zapatero o de Kofi Anan, o la tradición krausista que inspiró a la Institución Libre de Enseñanza, sino que se remonta al mismísimo Kant y sustenta la declaración de derechos del hombre y del ciudadano o la históricamente menos pugnaz declaración de derechos humanos de 1945. Y a este humilde servidor de ustedes le parece que una refutación de tan enorme fuste necesita bastante más que una ristra de despedazamientos sucesivos de pensamientos y enunciados, trenzada con con el incisivo e implacable rigor de la lógica de proposiciones y aderezada con chascarrillos muy poco ingeniosos las más de las veces, preñados de distorsiones siempre, y nunca exentos de mala baba.
Me parece algo sorprendente - sólo algo- no haber encontrado prácticamente ninguna reseña de Zapatero y el pensamiento Alicia que no sea un panegírico de su autor. Los excesos laudatorios superabundan en páginas de la red como El Catoblepas, revista virtual de pensamiento promovida por Bueno y su nutrido entorno, desde la que fácilmente se enlaza con otros faros esclarecidos como El Revolucionario, autoproclamado como "diario global de la izquierda revolucionaria" con el inefable lema de "hacia la séptima generación de la izquierda", o la Fundación para la defensa de la nación española, de prístinas virtudes patrióticas. De más esta decir que los diarios El Mundo o La Razón, y algún otro émulo de provincias como La Nueva España de Oviedo se deshacen en elogios del singular profesor y su obra. Le sobran a Don Gustavo soberbia, discípulos fieles, colegas complacientes, turiferarios oficiosos, tiralevitas aplicados, lameculos aquiescentes y huelepedos diligentísimos. Y, permítaseme decirlo de manera abrupta, le faltan ecuanimidad, decencia y personas de altura dispuestas a cantarle las cuarenta. Claro está que no es fácil y sí bastante peligroso darle la batalla en su propio terreno. Al profesor le resulta extremadamente fácil y divertido arrancar el motor de la apisonadora materialista, con tracción al rodillo y a las cuatro ruedas y árbol de levas con cierre categorial, para aplastar a quien ose ponérsele por delante con "argumentaciones". No es fácil y es peligroso, pero también es posible. Vaya esto como invitación a los filósofos del país a que se ejerciten en el arte de la refutacion eficaz. A los no filósofos y demás gentes del común, bástenos con ejercitar el derecho al exabrupto.
Con el mismo despliegue metodológico con que ahora tritura la tesis de la alianza de civilizaciones o la paremiología popular ("hablando se entiende la gente"), podría Gustavo Bueno haber bombardeado en su día el núcleo de pensamiento que lleva a afirmar la existencia de un "eje del mal" o pulverizado las razones para la invasión Irak, caracterizándolos tal vez de "pensamiento Frankenstein" o de "pensamiento Pinocho" (María Shelley y Carlo Collodi pueden dar casi tanto juego como Lewis Carrol) y plasmándolos, sólo por mímesis, en el rostro avinagrado e híspido del anterior presidente del gobierno. Pero es obvio que en nuestra sociedad, dizque de libre mercado, cada quien está en su perfecto derecho de elegir los destinatarios de sus andanadas y los beneficiarios y compañeros de viaje de sus aventuras intelectuales. Quédese el insigne riojano con Zapatero como muñeco o mono del pimpampum, y con sus acólitos, neolectores, jamás lectores, hebdolevógenos, genoveses, inMundos, , sinRazonistas, catoblepásicos AMBG (colaboradores de El Catoblepas "ad majorem Boni gloriam") como coro laudatorio agradecido.
No es necesario añadir, pero lo hago por mi incorregible afición a la redundancia, que reputo a Zapatero y el pensamiento Alicia como libro perfectamente prescindible que a nadie, salvo a su autor, a la editorial Temas de Hoy (Grupo Planeta, oiga), y a los beneficiarios ya enunciados, puede enriquecer en ningún sentido, pero que sugiere, por contraste y una vez más, la necesidad urgente que tenemos de un pensamiento fuerte y honesto, capaz de remover y desperezar el letargo que venimos padeciendo quienes , estúpidamente al parecer, seguimos defendiendo las opciones transformadoras hacia una sociedad más justa.
Pido disculpas por la ordinariez que voy a perpetrar rematando esta soflama con un refrán. Se dice "a la vejez, viruelas" para llamar la atención sobre la inconveniencia de lo extemporáneo. La conseja me parece de aplicación al asunto que nos ocupa, se la brindo y ofrezco a Don Gustavo Bueno para su disección lógica, y me trae a la memoria que hubo alguien, a quien los actuales cánones de la corrección política impiden citar por su nombre, que escribió algo que tituló El izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo. Tal vez por explicable imprevisión, olvidó escribir una segunda parte que podría bien haber titulado El (ultra)derechismo, enfermedad senil del comunismo.
Sospecha vil: ¿Seguiría el gran timonel Gustavo Bueno la misma derrota que lleva trazada desde hace años de haber recibido él, y no el tuercebotas aliciano llamado Jürgen Habermas, el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales, no ya en 2003 sino bastante antes de 1991, año en que María Zambrano, otra que tal baila, recibe el de Comunicación y Humanidades?

Sunday, January 14, 2007

Pensamiento Alicia

El diario EL PAÍS publica hoy, 14 de enero de 2007, esta "ingenua" viñeta de Forges. El bueno de Antonio Fraguas, típico ejemplar de humorista de pensamiento Alicia, seguro que no ha leído el úlitmo libro publicado del profesor doctor Don Gustavo Bueno Martínez Zapatero y el pensamiento Alicia. De lo contrario estaría bien enterado de que hay muy conspicuos expertos en lógica que, con clarividencia suprema, no sólo consiguen comprender sin ningún esfuerzo el comportamiento político y social de cierta derecha española, sino que lo dotan de racionalismo irrefutable.
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Wednesday, January 03, 2007

Cathy Berberian: The Official Website


Cathy Berberian: The Official Website

Confieso mi ignorancia y mis limitaciones como connaisseur musical: recordaba apenas a Cathy Berberian como esposa de Luciano Berio, y como mezzosoprano de reparto en la grabación del Orfeo monteverdiano dirigida por Harnoncourt. Un encuentro casual en la red me la acaba de redescubrir como esa voz pródiga, de ductilidad superior y capacidad expresiva privilegiada, cuyo repertorio iba desde Monteverdi a Cage, desde Ravel a los Beatles, desde Donizetti a Gershwin y cubría la brevísima distancia temporal entre Stravinsky y Gershwin con precisión y sutileza extremas. Compositora ella misma, actriz de talento gigantesco, supo entrar como nadie en el alma de todos cuantos músicos a los que se acercó, incluido su marido. Vaya por su memoria uno de los brindis del año reción iniciado.

Saturday, December 23, 2006

Magdalena Kozená - Mozart


Magdalena Kozená - Mozart

Sigo como propagandista desinteresado de las estrellas de Deutsche Gramophon. Mis querencias son demasiado evidentes. Por eso mismo, me recreo en hacerlas públicas, sin beneficio (ni oficio).

Thursday, December 21, 2006

El Requiem de Mozart visto por Álvaro Zaldívar


Los amigos de la ópera han vuelto a traer al ilustre profesor y alto funcionario del Ministerio de Educación, Álvaro Zaldívar, para ilustrarnos con su visión crítica del Requiem de Mozart. El brillante musicólogo nos deleitó con una pirueta intelectual sin duda admirable: partir de una apreciación discutible para llegar a una conclusión ingeniosa y sumamente convincente. Apreciación discutible: la nada misteriosa misa de difuntos del salzburgués no sólo es una pieza incompleta, con añadidos y remiendos de muy distintos paños, descuidada en más de una ocasión, sino que no pasa de la segunda fila dentro del ingente y genial corpus mozartiano; sin embargo ha pasado a la historia, por la razón de que en arte el tiempo también crea, con la condición de obra identitaria de su autor. Conclusión ingeniosa y sumamente convincente: Mozart jamás tuvo un interés mínimamente entusiasta en cumplir con el encargo del bizarro conde que quiere homenajear a su difunta esposa adornándose con plumas ajenas y, por tanto, jamás se sintió a sí mismo como destinatario de la obra que él debía componer y el insigne badulaque presentar y firmar como propia. Por esas mismas razones, la fue postergando una y otra vez, procrastinando un día sí y otro también, hasta que llegó la pelona y se lo llevó sin concluir la encomienda. Poderosos avales de la tesis: en los cinco meses largos que transcurren entre el día en que el mensajero del conde entrega a Mozart su encargo y el momento en que éste exhala el último suspiro, el genio compone no menos de seis obras maestras, todas ellas perfectamente conclusas, entre las que se cuentan nada menos que La flauta mágica, el Concierto para clarinete y orquesta K 622, el breve, edulcorado y bellísimo Ave Verum Corpus o la Pequeña cantata masónica K 623, y no conviene olvidar que La flauta mágica y el Concierto para clarinete son también encargos, aunque de sus amigos Schikaneder y Städtler, como asimismo es encargo, institucional y regio, La clemencia de Tito, ópera infravalorada, con tema y libreto bombásticos y pasados de moda, pero cuya música tiene momentos sublimes.
¿Cuál es, entonces, el origen de la difícilmente creíble leyenda, según la cual Mozart se obsesionó con la composición del Requiem de manera febril y hasta el punto de llegar a creer que lo estaba componiendo para su propio funeral, en un rapto de arrepentimiento por su impiedad y su vida disipada? Debe tenerse en cuenta que el divino Amadeus era un personaje muy mal visto en la Viena oficial de su tiempo, en la urbe y en el orbe, entre colegas y extraños, entre los eclesiásticos, desde el corte de mangas a Colloredo, y entre los cortesanos desde su adscripción a la logia masónica Zu gekrönnte Hoffnung, una de las mas projacobinas de Viena (¡projacobina, de los jacobinos que menos de dos años después de la muerte del músico ejecutan a la muy vienesa, imperial y real Maria Antonieta!). Mozart era masón y se lo tomaba muy en serio; a Mozart le gustaban las mujeres y el vino y no lo disimulaba en absoluto. En estas circunstancias, no es de extrañar que contase con muy pocos amigos entre los círculos del poder. De ahí la muy comprensible necesidad que sintió la viuda Constanze de "rehabilitar" la imagen del difunto, siquiera fuese para que su música siguiese siendo rentable y exportable y para que ella misma pudiese obtener algún beneficio público que, aunque magro, obtuvo. Por eso, están lastradas las aproximaciones biográficas que, como la de Robbins Landon (especialista, por cierto, en Haydn y no en Mozart), se basan en los testimonios de los parientes, amigos y allegados del excelso, que, en el mejor de los casos estaban guiados por el afecto y los legítimos intereses. Por eso, Zaldívar prefiere las frías pruebas documentales y los testimonios menos cálidos, menos piadosos y más fiables.
Los mozartianos de pro le agradecimos cordialmente su paráfrasis final: si Mann dijo que Bach fue, en la música, un océano (y no un "arroyo", como su apellido indica), Mozart fue, en el siglo de las luces, la luz del sol.

Anna Netrebko - Russian Album


Anna Netrebko - Russian Album

Sigo haciendo publicidad gratuita de Deutsche Gramophon y sus estrellas. Pero es que Anna Netrebko me pone mucho...

Monday, December 18, 2006

Paralelismos descompensados









Los numerosos aficionados a los paralelismos, equidistancias, simetrías, convergencias extremeñas y demás caprichos geométricos han tenido estos días ocasión muy propicia para darle gusto a su poco simpática querencia. Con motivo de las exequias fúnebres de uno de los más detestables asesinos políticos del siglo pasado, un nieto del puerco sanguinario y otro nieto de una de sus víctimas han dado rienda suelta a sus humores, para gloriarse uno de la infamia de su ancestro y para escupir el otro sobre el abominable fiambre del ejecutor del suyo: ancestro infame y ejecutor abominable son la misma odiosa persona, al fin extinta e incinerada (con el consiguiente riesgo de contaminación). La ruindad equidistante, con gesto de hipócrita atrición, nos vendrá a decir que uno y otro, aunque con muy equivocadas maneras, han expresado vehementemente el amor a sus antepasados. Añadirán que uno lo hizo impecablemente vestido de impoluto uniforme blanco y el otro hecho un arrapiezo, y que el primero no traspasó el umbral de la buena educación mientras que el segundo gastó un gesto de rufián de taberna. Melifluamente, invocarán también el respeto que se debe a los muertos y a las ánimas del purgatorio. Bien se ve que la centrada equidistancia ya se nos va desviando un tanto y que el fiel amenaza con descompensaciones y desvíos. Pero da igual, porque los ilustres equidistantes seguirán equidistantemente satisfechos, con la enorme satisfacción del deber cumplido en su ardua tarea de romanadores. Nada peor le puede ocurrir a un equidistante que ponerse en el lugar moral de la escena que sopesa: distinguir entre víctimas y verdugos es un error físico intolerable en un sistema de pesas y medidas que se precie de científico y objetivo.

Observen bien que el nieto de la víctima da la espalda a un paredón. Cada hombre y cada cosa, en su lugar. Descansen.

Friday, December 08, 2006

Deutsche Grammophon - Player. Hélène Grimaud


Deutsche Grammophon - Player
La astucia comercial de artistas, promotores y discográficas es ingeniosa y fértil. He aquí una brillante muestra. El triángulo Schumann-Wieck-Brahms tiene indudable gancho. Grimaud y Deutsche Gramophon lo han sabido explotar a ciencia y conciencia, con la inestimable ayuda de von Otter y la Staatskapelle Dresden, estupendamente dirigida por Pekka-Salonen. Doña Hélène, la bella amante de los lobos, toca muy bien y se lo monta aún mejor. Enhorabuena.

Monday, December 04, 2006

Elina Garanca as Charlotte

¡Magnífica!. La conocí como Sesto hace un par de meses en Garnier. Como Charlotte, me gusta aún más.

Sunday, November 26, 2006

Fabulistas

Confieso mi afición a los dameros malditos de Virginia Montes, heredera en la labor de su señora madre, Doña Conchita, que ya entretenía los ocios de mi juventud, desaprovechada en solucionar pequeños enigmas poco o nada edificantes. Acabo de resolver el que hoy publica, como todos los domingos, el diario EL PAÍS. El texto "oculto" es del fabulista y alto funcionario ilustrado Tomás de Iriarte, una letrilla ingeniosa que dice así:
La discreta lo disputa,
lo escasea, lo dilata
y con argumentos trata
si ha de ser o no ser puta.
Pero armada es tu ballesta,
razón que ella no refuta.
¿Qué piensan las feministas de hoy de esta tierna y jocosa protesta contra incautos calentones de bragueta y sus provacadoras?.

Friday, November 03, 2006

La derechona

Releo mi entrada del día 25 de octubre Disuelta en humo. Es el texto de la parte que tuve en la presentación de la novela de Fernando Bartolomé. El propio autor me ha informado de que a algunos de sus amigos de deportes, mesa y mantel les sentó como un tiro mi supuesta soflama, entendida por ellos como un mitin republicano, radical, sectario y rencoroso. Añadieron, al parecer, que no se fueron del acto por consideración a la amistad que les une con el novelista. Metidos en faena, podrían haber manifestado - no me consta que lo hayan hecho - que, por idéntica razón, no me partieron la cara. Hace muchísimos años que estoy convencido de que esta gente no es que no entienda nada: decididamente, no les da la gana de entender nada. Estar intelectual y afectivamente a favor de la defensa de la legalidad republicana es, en el peor de los casos, una legítima toma de partido y, en el mejor, un ineludible ejercicio de decencia histórica. Si manifestar tal posición de principio resulta radical y sectario, el fiel de la balanza pierde su sentido de equilibrio físico y se torna en puñal homicida. Si caracterizar al franquismo por sus facetas menos sanguinarias es rencor, el recuerdo es una función neuronal superflua que nos obliga a gritar ¡Viva el Alzheimer!. Como bien dijo Fernando en el mismo acto, nada digno y noble se construye desde el odio. Por eso mismo, estos señores nos lo están poniendo muy difícil a todos. Es tristísimo pensar que la dichosa guerra civil lleva camino de no acabarse nunca.

Wednesday, October 25, 2006

Disuelta en humo


Por la parte de la amistad, y desde el humilde punto de vista del curioso lector, me regala otra vez más Fernando Bartolomé el honor de presentar un libro suyo. Se trata en esta ocasión de la novela Disuelta en humo que, ya lo voy adelantando, me parece un logro narrativo de primerísimo orden.

En forma de dietario y con el marchamo del género de intriga policíaca, pauta Bartolomé su relato en el decurso de las trece últimas jornadas de nuestra última guerra civil. Muy breves introducciones en cursiva glosan, al inicio de cada entrada en el registro del día, acontecimientos significativos e ilustran al lector sobre el panorama bélico, social y político, español y extranjero, que se va dibujando de manera no por previsible menos dramática. Esta referencia a la estructura de la novela resulta pertinente porque considero ese formato como uno de sus muchos y muy sobresalientes aciertos. Sólo de muy pocos de estos aciertos me ocuparé ahora: dar cuenta de todos excedería con mucho el tiempo que la prudencia y la elemental cortesía aconsejan para una ceremonia de este estilo.

Varias de las reseñas que he podido leer sobre Disuelta en humo destacan aspectos estilísticos y hablan de cosas como pulso cervantino, que sé que a Fernando le halagan mucho, pero que, precisamente por ser Fernando quien es, diré, con su venia, que me parecen una forma como otra cualquiera de tomar el rábano por las hojas y de resaltar lo obvio. Me explico. La familiaridad de Bartolomé con los autores del siglo de oro español es tal que, sin exagerar demasiado, se puede decir que incluso en su hablar cotidiano se expresa como lo hacen Gracián, Quevedo o Lope en sus ensayos, sonetos y comedias. Le viene de sabiduría y oficio. Por eso, nada tiene de extraño que su prosa esté impregnada de ese perfume clasicista que tanto llama la atención de sus neolectores. Mejor me cuadra a mí ponderar, en lo que a formalidades se refiere, la vivacidad de sus diálogos o el uso de un léxico expresionista, rico, eficaz y contundente con el que, además de frases redondas, logra imprimir carácter plástico a sus criaturas de letra. Un solo ejemplo entre mil: la utilización del verbo caparrear en su justo y adecuado lugar dota a escena y personaje de un color certero, de una exactitud y precisión inimaginables.

Más me interesa detenerme un poco en la envergadura moral de los dos personajes principales de la novela y en el carácter propio de ésta. Hay bastante de camusiano en el policía cincuentón y autodidacta Santiago Bragado, lombrosiano y sentimental, y el cirujano aristócrata y entregado Pedro Aventín, malcasado y santo laico. Componen ambas figuras un contrapunto trágico cuyo encuentro final es la consecuencia ineluctable de unos impulsos vitales irrefrenables y autodestructivos, arrastrados por un viento histórico emponzoñado.

Para su bien, Disuelta en humo no es una novela política en el sentido habitual que a la combinación del tal nombre y tal adjetivo se suele dar. Pero no es, no podría jamás ser – y quien conozca a Fernando lo sabe – una novela ahistórica. Muy al contrario, es una novela concienzudamente histórica – y ello en más de un sentido. El acercamiento de Bartolomé a sus personajes es profundamente compasivo en el más noble y etimológico sentido de la palabra. Y la mirada que dirige al abrumador telón de fondo –el final de la guerra- es lúcida y honestamente comprometida (también en el mejor sentido de la palabra), pero en absoluto privada de emoción. No puede ni debe permitírselo a sí misma una persona capaz de reconocer en el inicio del poema sinfónico Mazeppa, de Listz, los sombríos compases de La Varsoviana.

Compasiva, lúcida, honesta, comprometida, también indignada… Así es la mirada de Fernando Bartolomé a los últimos días de esa guerra incivil, con unos vencidos humillados y autotraicionados y unos vencedores no sólo totalmente exentos de generosidad, sino dispuestos a llevar a cabo una operación de exterminio y execración que, por la parte de la execración, perdura, o intenta perdurar, hasta nuestros días. Esta descomunal vileza se ejecuta bajo los auspicios de un régimen que era, sí, una tiranía cruel, pero también, y por encima y por debajo de eso, una mezquinocracia sin dignidad y sin lustre que sumió al país entero en un marasmo de grisura y acanallamiento cuyas consecuencias aún sufrimos.

Wednesday, August 02, 2006

Retratos nada imaginarios. 4.- Ulrika

Es la fealdad y no la majestad de la imagen la que hace justicia a Ulrika. Porque Ulrika es constitutivamente fea de cuerpo y de alma , de rostro y de talle, por detrás y por delante, por arriba y por abajo. Tiene pujos de plutócrata e ínfulas de gran señora. Amante del protocolo helvético, orna sus convites de melindres y frufrús, de gollerias y delicadezas muy ricas en colesterol. Esta riqueza de lo superfluo se extiende por todos los ámbitos ulrikenses. Porque Ulrika es rica y presume de rica, es tonta y presume de tonta, es mala como un dolor y presume de bondad franciscana. A Ulrika se le llena la boca de pâté de fois y de proyectos empresariales ambiciosos y muy modernos. El primero enriquece su obesidad, los segundos empobrecen a sus clientes y proveedores. Hipócrita, falsa y dañina, se regodea en la insidia marrullera y el pellizco de monja envenenado. Miente más que caga, aunque caga toneladas cúbicas de mierda amarillenta y viscosa: comenzó siendo sólo pedorra pero fue mejorando su arte hasta el virtuosismo. Miente por mentir y por chinchar, pero, con más inteligencia, podría llegar a ser una profesional de la trapacería y del embuste productivo. Apunta maneras para el rijo y la ninfomanía, pero su fealdad y su condición de divorciada cornuda la mantienen en estado perpetuo de castidad obligada. Alcanza sus mejores logros en el pasmo de papanatas y advenedizos. Posted by Picasa

Retratos nada imaginarios. 3.- Casandra

Ni tiene el don de la profecía, ni fue amada por Apolo, pero merece ser muerta a manos de Clitemnestra. Esta peculiar sibila vaticina, eso sí, desastres y acierta siempre que es ella quien los provoca. Es amiga de Calpurnia, con la que gobierna una pequeña sociedad de socorros mutuos. Su rostro, de nada serena hermosura cuando joven, evolucionó hacia una decrepitud agresiva, mustia y demacrada. Su terreno de juego es propicio a la artimaña sórdida, a la intriga zafia, al comadreo destructivo. Las malas artes y el envite tramposo son sus armas predilectas, porque, poco sutil como es, las cree muy femeninas. Manipula a quienes reputa fieles, aunque poco le duran las lealtades que no sean excepcionalmente estúpidas. En estado de ebrieda alcanza las más inaccesibles cotas de vileza.
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Tuesday, August 01, 2006

Retratos nada imaginarios. 2.- Calpurnia

La envidia, como los celos, es de color verde. La envidia es el más odioso y mezquino de los siete pecados capitales, más incluso que la avaricia, pues, a diferencia de ésta exige el infortunio del prójimo como condición necesaria del deleite propio. Calpurnia es constitutivamente envidiosa y, como tal, primariamente odiosa y mezquina. El color verde cloaca trasluce en su rostro adusto y esquinado. La llamo Calpurnia, sin saber si la esposa de César era o no envidiosa, porque la sonoridad híspida y agreste de ese nombre conviene y se adecua al alma retorcida de mi retratada como la vaina al puñal. El marido de Calpurnia no escribió La Guerra de las Galias porque tampoco sería capaz de escribir con la mínima solvencia exigible la croniquilla de un partido de fútbol de segunda división. Esta circunstancia encorajina inconfesable e inconfesadamente a Calpurnia, cuyo carácter se agria más y más según declina su vigor hormonal. No es Calpurnia escasa de luces, pero su inteligencia se ve dañada por la acidez de los humores. Es sumamente infrecuente y difícil oir de Calpurnia una frase amable o un comentario benevolente. Calpurnia se cuece en su propia salsa avinagrada y morirá con un rictus de inquina sorda y de livor en los labios.
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