Thursday, January 18, 2007

Bueno, Zapatero y Alicia




Vaya por delante que estimo a Gustavo Bueno como uno de los filósofos más sólidos y originales de los tres o cuatro últimos decenios y que el libro que quiero muy someramente comentar nada añade ni resta a esta consideración sumaria.
Dicho esto, y renunciando de antemano a la más mínima pretensión analítica, cúmpleme aventurar que Bueno, en Zapatero y el pensamiento Alicia, como los jugadores sin fortuna en el juego de las siete y media, o es excesivo, o es deficitario; o se pasa o se queda corto. Un ilustre buenólatra, José Ignacio Gracia Noriega, periodista y, entre otras cosas, miembro del consejo de redacción de El Basilisco, la revista filosófica que dirige el autor de Ensayos materialistas, comentaba hace poco en un artículo encomiástico la desproporción entre las estaturas intelectuales de Bueno y de Zapatero, de la que se podría inferir que la actividad del primero para demoler la inanidad del segundo era algo así como matar moscas a cañonazos. Mucho de esto, en efecto, habría si el propósito del libro fuese simplemente poner en solfa ciertas formas de "razón" y comportamiento preñadas de sedicente buena fe y "angelical" candidez, propias de curas sin sotana ni orden sacramental, de monjas laicas, de asistentes sociales con pretensiones a poltrona, de prebostes frailunos, de progresistas a la violeta, de majetes "oenegarios" y demás ejemplares de la fauna scout, presentando al actual presidente del gobierno como menguado paradigma de todos ellos. Para ridiculizar los dichos productos mentales y plasmarlos en el rostro, ciertamente un poco pánfilo y algo pazguato, de Don José Luis Rodríguez Zapatero, no es de ninguna manera necesario tan formalizado y exhibicionista aparato académico. Pero ocurre que la diatriba de Bueno tiene un alcance bastante más ambicioso. Porque, como el propio filósofo expresamente manifiesta, lo que él caracteriza como "pensamiento Alicia" no impregna solamente las formulaciones de Zapatero o de Kofi Anan, o la tradición krausista que inspiró a la Institución Libre de Enseñanza, sino que se remonta al mismísimo Kant y sustenta la declaración de derechos del hombre y del ciudadano o la históricamente menos pugnaz declaración de derechos humanos de 1945. Y a este humilde servidor de ustedes le parece que una refutación de tan enorme fuste necesita bastante más que una ristra de despedazamientos sucesivos de pensamientos y enunciados, trenzada con con el incisivo e implacable rigor de la lógica de proposiciones y aderezada con chascarrillos muy poco ingeniosos las más de las veces, preñados de distorsiones siempre, y nunca exentos de mala baba.
Me parece algo sorprendente - sólo algo- no haber encontrado prácticamente ninguna reseña de Zapatero y el pensamiento Alicia que no sea un panegírico de su autor. Los excesos laudatorios superabundan en páginas de la red como El Catoblepas, revista virtual de pensamiento promovida por Bueno y su nutrido entorno, desde la que fácilmente se enlaza con otros faros esclarecidos como El Revolucionario, autoproclamado como "diario global de la izquierda revolucionaria" con el inefable lema de "hacia la séptima generación de la izquierda", o la Fundación para la defensa de la nación española, de prístinas virtudes patrióticas. De más esta decir que los diarios El Mundo o La Razón, y algún otro émulo de provincias como La Nueva España de Oviedo se deshacen en elogios del singular profesor y su obra. Le sobran a Don Gustavo soberbia, discípulos fieles, colegas complacientes, turiferarios oficiosos, tiralevitas aplicados, lameculos aquiescentes y huelepedos diligentísimos. Y, permítaseme decirlo de manera abrupta, le faltan ecuanimidad, decencia y personas de altura dispuestas a cantarle las cuarenta. Claro está que no es fácil y sí bastante peligroso darle la batalla en su propio terreno. Al profesor le resulta extremadamente fácil y divertido arrancar el motor de la apisonadora materialista, con tracción al rodillo y a las cuatro ruedas y árbol de levas con cierre categorial, para aplastar a quien ose ponérsele por delante con "argumentaciones". No es fácil y es peligroso, pero también es posible. Vaya esto como invitación a los filósofos del país a que se ejerciten en el arte de la refutacion eficaz. A los no filósofos y demás gentes del común, bástenos con ejercitar el derecho al exabrupto.
Con el mismo despliegue metodológico con que ahora tritura la tesis de la alianza de civilizaciones o la paremiología popular ("hablando se entiende la gente"), podría Gustavo Bueno haber bombardeado en su día el núcleo de pensamiento que lleva a afirmar la existencia de un "eje del mal" o pulverizado las razones para la invasión Irak, caracterizándolos tal vez de "pensamiento Frankenstein" o de "pensamiento Pinocho" (María Shelley y Carlo Collodi pueden dar casi tanto juego como Lewis Carrol) y plasmándolos, sólo por mímesis, en el rostro avinagrado e híspido del anterior presidente del gobierno. Pero es obvio que en nuestra sociedad, dizque de libre mercado, cada quien está en su perfecto derecho de elegir los destinatarios de sus andanadas y los beneficiarios y compañeros de viaje de sus aventuras intelectuales. Quédese el insigne riojano con Zapatero como muñeco o mono del pimpampum, y con sus acólitos, neolectores, jamás lectores, hebdolevógenos, genoveses, inMundos, , sinRazonistas, catoblepásicos AMBG (colaboradores de El Catoblepas "ad majorem Boni gloriam") como coro laudatorio agradecido.
No es necesario añadir, pero lo hago por mi incorregible afición a la redundancia, que reputo a Zapatero y el pensamiento Alicia como libro perfectamente prescindible que a nadie, salvo a su autor, a la editorial Temas de Hoy (Grupo Planeta, oiga), y a los beneficiarios ya enunciados, puede enriquecer en ningún sentido, pero que sugiere, por contraste y una vez más, la necesidad urgente que tenemos de un pensamiento fuerte y honesto, capaz de remover y desperezar el letargo que venimos padeciendo quienes , estúpidamente al parecer, seguimos defendiendo las opciones transformadoras hacia una sociedad más justa.
Pido disculpas por la ordinariez que voy a perpetrar rematando esta soflama con un refrán. Se dice "a la vejez, viruelas" para llamar la atención sobre la inconveniencia de lo extemporáneo. La conseja me parece de aplicación al asunto que nos ocupa, se la brindo y ofrezco a Don Gustavo Bueno para su disección lógica, y me trae a la memoria que hubo alguien, a quien los actuales cánones de la corrección política impiden citar por su nombre, que escribió algo que tituló El izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo. Tal vez por explicable imprevisión, olvidó escribir una segunda parte que podría bien haber titulado El (ultra)derechismo, enfermedad senil del comunismo.
Sospecha vil: ¿Seguiría el gran timonel Gustavo Bueno la misma derrota que lleva trazada desde hace años de haber recibido él, y no el tuercebotas aliciano llamado Jürgen Habermas, el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales, no ya en 2003 sino bastante antes de 1991, año en que María Zambrano, otra que tal baila, recibe el de Comunicación y Humanidades?

Sunday, January 14, 2007

Pensamiento Alicia

El diario EL PAÍS publica hoy, 14 de enero de 2007, esta "ingenua" viñeta de Forges. El bueno de Antonio Fraguas, típico ejemplar de humorista de pensamiento Alicia, seguro que no ha leído el úlitmo libro publicado del profesor doctor Don Gustavo Bueno Martínez Zapatero y el pensamiento Alicia. De lo contrario estaría bien enterado de que hay muy conspicuos expertos en lógica que, con clarividencia suprema, no sólo consiguen comprender sin ningún esfuerzo el comportamiento político y social de cierta derecha española, sino que lo dotan de racionalismo irrefutable.
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Wednesday, January 03, 2007

Cathy Berberian: The Official Website


Cathy Berberian: The Official Website

Confieso mi ignorancia y mis limitaciones como connaisseur musical: recordaba apenas a Cathy Berberian como esposa de Luciano Berio, y como mezzosoprano de reparto en la grabación del Orfeo monteverdiano dirigida por Harnoncourt. Un encuentro casual en la red me la acaba de redescubrir como esa voz pródiga, de ductilidad superior y capacidad expresiva privilegiada, cuyo repertorio iba desde Monteverdi a Cage, desde Ravel a los Beatles, desde Donizetti a Gershwin y cubría la brevísima distancia temporal entre Stravinsky y Gershwin con precisión y sutileza extremas. Compositora ella misma, actriz de talento gigantesco, supo entrar como nadie en el alma de todos cuantos músicos a los que se acercó, incluido su marido. Vaya por su memoria uno de los brindis del año reción iniciado.

Saturday, December 23, 2006

Magdalena Kozená - Mozart


Magdalena Kozená - Mozart

Sigo como propagandista desinteresado de las estrellas de Deutsche Gramophon. Mis querencias son demasiado evidentes. Por eso mismo, me recreo en hacerlas públicas, sin beneficio (ni oficio).

Thursday, December 21, 2006

El Requiem de Mozart visto por Álvaro Zaldívar


Los amigos de la ópera han vuelto a traer al ilustre profesor y alto funcionario del Ministerio de Educación, Álvaro Zaldívar, para ilustrarnos con su visión crítica del Requiem de Mozart. El brillante musicólogo nos deleitó con una pirueta intelectual sin duda admirable: partir de una apreciación discutible para llegar a una conclusión ingeniosa y sumamente convincente. Apreciación discutible: la nada misteriosa misa de difuntos del salzburgués no sólo es una pieza incompleta, con añadidos y remiendos de muy distintos paños, descuidada en más de una ocasión, sino que no pasa de la segunda fila dentro del ingente y genial corpus mozartiano; sin embargo ha pasado a la historia, por la razón de que en arte el tiempo también crea, con la condición de obra identitaria de su autor. Conclusión ingeniosa y sumamente convincente: Mozart jamás tuvo un interés mínimamente entusiasta en cumplir con el encargo del bizarro conde que quiere homenajear a su difunta esposa adornándose con plumas ajenas y, por tanto, jamás se sintió a sí mismo como destinatario de la obra que él debía componer y el insigne badulaque presentar y firmar como propia. Por esas mismas razones, la fue postergando una y otra vez, procrastinando un día sí y otro también, hasta que llegó la pelona y se lo llevó sin concluir la encomienda. Poderosos avales de la tesis: en los cinco meses largos que transcurren entre el día en que el mensajero del conde entrega a Mozart su encargo y el momento en que éste exhala el último suspiro, el genio compone no menos de seis obras maestras, todas ellas perfectamente conclusas, entre las que se cuentan nada menos que La flauta mágica, el Concierto para clarinete y orquesta K 622, el breve, edulcorado y bellísimo Ave Verum Corpus o la Pequeña cantata masónica K 623, y no conviene olvidar que La flauta mágica y el Concierto para clarinete son también encargos, aunque de sus amigos Schikaneder y Städtler, como asimismo es encargo, institucional y regio, La clemencia de Tito, ópera infravalorada, con tema y libreto bombásticos y pasados de moda, pero cuya música tiene momentos sublimes.
¿Cuál es, entonces, el origen de la difícilmente creíble leyenda, según la cual Mozart se obsesionó con la composición del Requiem de manera febril y hasta el punto de llegar a creer que lo estaba componiendo para su propio funeral, en un rapto de arrepentimiento por su impiedad y su vida disipada? Debe tenerse en cuenta que el divino Amadeus era un personaje muy mal visto en la Viena oficial de su tiempo, en la urbe y en el orbe, entre colegas y extraños, entre los eclesiásticos, desde el corte de mangas a Colloredo, y entre los cortesanos desde su adscripción a la logia masónica Zu gekrönnte Hoffnung, una de las mas projacobinas de Viena (¡projacobina, de los jacobinos que menos de dos años después de la muerte del músico ejecutan a la muy vienesa, imperial y real Maria Antonieta!). Mozart era masón y se lo tomaba muy en serio; a Mozart le gustaban las mujeres y el vino y no lo disimulaba en absoluto. En estas circunstancias, no es de extrañar que contase con muy pocos amigos entre los círculos del poder. De ahí la muy comprensible necesidad que sintió la viuda Constanze de "rehabilitar" la imagen del difunto, siquiera fuese para que su música siguiese siendo rentable y exportable y para que ella misma pudiese obtener algún beneficio público que, aunque magro, obtuvo. Por eso, están lastradas las aproximaciones biográficas que, como la de Robbins Landon (especialista, por cierto, en Haydn y no en Mozart), se basan en los testimonios de los parientes, amigos y allegados del excelso, que, en el mejor de los casos estaban guiados por el afecto y los legítimos intereses. Por eso, Zaldívar prefiere las frías pruebas documentales y los testimonios menos cálidos, menos piadosos y más fiables.
Los mozartianos de pro le agradecimos cordialmente su paráfrasis final: si Mann dijo que Bach fue, en la música, un océano (y no un "arroyo", como su apellido indica), Mozart fue, en el siglo de las luces, la luz del sol.

Anna Netrebko - Russian Album


Anna Netrebko - Russian Album

Sigo haciendo publicidad gratuita de Deutsche Gramophon y sus estrellas. Pero es que Anna Netrebko me pone mucho...

Monday, December 18, 2006

Paralelismos descompensados









Los numerosos aficionados a los paralelismos, equidistancias, simetrías, convergencias extremeñas y demás caprichos geométricos han tenido estos días ocasión muy propicia para darle gusto a su poco simpática querencia. Con motivo de las exequias fúnebres de uno de los más detestables asesinos políticos del siglo pasado, un nieto del puerco sanguinario y otro nieto de una de sus víctimas han dado rienda suelta a sus humores, para gloriarse uno de la infamia de su ancestro y para escupir el otro sobre el abominable fiambre del ejecutor del suyo: ancestro infame y ejecutor abominable son la misma odiosa persona, al fin extinta e incinerada (con el consiguiente riesgo de contaminación). La ruindad equidistante, con gesto de hipócrita atrición, nos vendrá a decir que uno y otro, aunque con muy equivocadas maneras, han expresado vehementemente el amor a sus antepasados. Añadirán que uno lo hizo impecablemente vestido de impoluto uniforme blanco y el otro hecho un arrapiezo, y que el primero no traspasó el umbral de la buena educación mientras que el segundo gastó un gesto de rufián de taberna. Melifluamente, invocarán también el respeto que se debe a los muertos y a las ánimas del purgatorio. Bien se ve que la centrada equidistancia ya se nos va desviando un tanto y que el fiel amenaza con descompensaciones y desvíos. Pero da igual, porque los ilustres equidistantes seguirán equidistantemente satisfechos, con la enorme satisfacción del deber cumplido en su ardua tarea de romanadores. Nada peor le puede ocurrir a un equidistante que ponerse en el lugar moral de la escena que sopesa: distinguir entre víctimas y verdugos es un error físico intolerable en un sistema de pesas y medidas que se precie de científico y objetivo.

Observen bien que el nieto de la víctima da la espalda a un paredón. Cada hombre y cada cosa, en su lugar. Descansen.

Friday, December 08, 2006

Deutsche Grammophon - Player. Hélène Grimaud


Deutsche Grammophon - Player
La astucia comercial de artistas, promotores y discográficas es ingeniosa y fértil. He aquí una brillante muestra. El triángulo Schumann-Wieck-Brahms tiene indudable gancho. Grimaud y Deutsche Gramophon lo han sabido explotar a ciencia y conciencia, con la inestimable ayuda de von Otter y la Staatskapelle Dresden, estupendamente dirigida por Pekka-Salonen. Doña Hélène, la bella amante de los lobos, toca muy bien y se lo monta aún mejor. Enhorabuena.

Monday, December 04, 2006

Elina Garanca as Charlotte

¡Magnífica!. La conocí como Sesto hace un par de meses en Garnier. Como Charlotte, me gusta aún más.

Sunday, November 26, 2006

Fabulistas

Confieso mi afición a los dameros malditos de Virginia Montes, heredera en la labor de su señora madre, Doña Conchita, que ya entretenía los ocios de mi juventud, desaprovechada en solucionar pequeños enigmas poco o nada edificantes. Acabo de resolver el que hoy publica, como todos los domingos, el diario EL PAÍS. El texto "oculto" es del fabulista y alto funcionario ilustrado Tomás de Iriarte, una letrilla ingeniosa que dice así:
La discreta lo disputa,
lo escasea, lo dilata
y con argumentos trata
si ha de ser o no ser puta.
Pero armada es tu ballesta,
razón que ella no refuta.
¿Qué piensan las feministas de hoy de esta tierna y jocosa protesta contra incautos calentones de bragueta y sus provacadoras?.

Friday, November 03, 2006

La derechona

Releo mi entrada del día 25 de octubre Disuelta en humo. Es el texto de la parte que tuve en la presentación de la novela de Fernando Bartolomé. El propio autor me ha informado de que a algunos de sus amigos de deportes, mesa y mantel les sentó como un tiro mi supuesta soflama, entendida por ellos como un mitin republicano, radical, sectario y rencoroso. Añadieron, al parecer, que no se fueron del acto por consideración a la amistad que les une con el novelista. Metidos en faena, podrían haber manifestado - no me consta que lo hayan hecho - que, por idéntica razón, no me partieron la cara. Hace muchísimos años que estoy convencido de que esta gente no es que no entienda nada: decididamente, no les da la gana de entender nada. Estar intelectual y afectivamente a favor de la defensa de la legalidad republicana es, en el peor de los casos, una legítima toma de partido y, en el mejor, un ineludible ejercicio de decencia histórica. Si manifestar tal posición de principio resulta radical y sectario, el fiel de la balanza pierde su sentido de equilibrio físico y se torna en puñal homicida. Si caracterizar al franquismo por sus facetas menos sanguinarias es rencor, el recuerdo es una función neuronal superflua que nos obliga a gritar ¡Viva el Alzheimer!. Como bien dijo Fernando en el mismo acto, nada digno y noble se construye desde el odio. Por eso mismo, estos señores nos lo están poniendo muy difícil a todos. Es tristísimo pensar que la dichosa guerra civil lleva camino de no acabarse nunca.

Wednesday, October 25, 2006

Disuelta en humo


Por la parte de la amistad, y desde el humilde punto de vista del curioso lector, me regala otra vez más Fernando Bartolomé el honor de presentar un libro suyo. Se trata en esta ocasión de la novela Disuelta en humo que, ya lo voy adelantando, me parece un logro narrativo de primerísimo orden.

En forma de dietario y con el marchamo del género de intriga policíaca, pauta Bartolomé su relato en el decurso de las trece últimas jornadas de nuestra última guerra civil. Muy breves introducciones en cursiva glosan, al inicio de cada entrada en el registro del día, acontecimientos significativos e ilustran al lector sobre el panorama bélico, social y político, español y extranjero, que se va dibujando de manera no por previsible menos dramática. Esta referencia a la estructura de la novela resulta pertinente porque considero ese formato como uno de sus muchos y muy sobresalientes aciertos. Sólo de muy pocos de estos aciertos me ocuparé ahora: dar cuenta de todos excedería con mucho el tiempo que la prudencia y la elemental cortesía aconsejan para una ceremonia de este estilo.

Varias de las reseñas que he podido leer sobre Disuelta en humo destacan aspectos estilísticos y hablan de cosas como pulso cervantino, que sé que a Fernando le halagan mucho, pero que, precisamente por ser Fernando quien es, diré, con su venia, que me parecen una forma como otra cualquiera de tomar el rábano por las hojas y de resaltar lo obvio. Me explico. La familiaridad de Bartolomé con los autores del siglo de oro español es tal que, sin exagerar demasiado, se puede decir que incluso en su hablar cotidiano se expresa como lo hacen Gracián, Quevedo o Lope en sus ensayos, sonetos y comedias. Le viene de sabiduría y oficio. Por eso, nada tiene de extraño que su prosa esté impregnada de ese perfume clasicista que tanto llama la atención de sus neolectores. Mejor me cuadra a mí ponderar, en lo que a formalidades se refiere, la vivacidad de sus diálogos o el uso de un léxico expresionista, rico, eficaz y contundente con el que, además de frases redondas, logra imprimir carácter plástico a sus criaturas de letra. Un solo ejemplo entre mil: la utilización del verbo caparrear en su justo y adecuado lugar dota a escena y personaje de un color certero, de una exactitud y precisión inimaginables.

Más me interesa detenerme un poco en la envergadura moral de los dos personajes principales de la novela y en el carácter propio de ésta. Hay bastante de camusiano en el policía cincuentón y autodidacta Santiago Bragado, lombrosiano y sentimental, y el cirujano aristócrata y entregado Pedro Aventín, malcasado y santo laico. Componen ambas figuras un contrapunto trágico cuyo encuentro final es la consecuencia ineluctable de unos impulsos vitales irrefrenables y autodestructivos, arrastrados por un viento histórico emponzoñado.

Para su bien, Disuelta en humo no es una novela política en el sentido habitual que a la combinación del tal nombre y tal adjetivo se suele dar. Pero no es, no podría jamás ser – y quien conozca a Fernando lo sabe – una novela ahistórica. Muy al contrario, es una novela concienzudamente histórica – y ello en más de un sentido. El acercamiento de Bartolomé a sus personajes es profundamente compasivo en el más noble y etimológico sentido de la palabra. Y la mirada que dirige al abrumador telón de fondo –el final de la guerra- es lúcida y honestamente comprometida (también en el mejor sentido de la palabra), pero en absoluto privada de emoción. No puede ni debe permitírselo a sí misma una persona capaz de reconocer en el inicio del poema sinfónico Mazeppa, de Listz, los sombríos compases de La Varsoviana.

Compasiva, lúcida, honesta, comprometida, también indignada… Así es la mirada de Fernando Bartolomé a los últimos días de esa guerra incivil, con unos vencidos humillados y autotraicionados y unos vencedores no sólo totalmente exentos de generosidad, sino dispuestos a llevar a cabo una operación de exterminio y execración que, por la parte de la execración, perdura, o intenta perdurar, hasta nuestros días. Esta descomunal vileza se ejecuta bajo los auspicios de un régimen que era, sí, una tiranía cruel, pero también, y por encima y por debajo de eso, una mezquinocracia sin dignidad y sin lustre que sumió al país entero en un marasmo de grisura y acanallamiento cuyas consecuencias aún sufrimos.

Wednesday, August 02, 2006

Retratos nada imaginarios. 4.- Ulrika

Es la fealdad y no la majestad de la imagen la que hace justicia a Ulrika. Porque Ulrika es constitutivamente fea de cuerpo y de alma , de rostro y de talle, por detrás y por delante, por arriba y por abajo. Tiene pujos de plutócrata e ínfulas de gran señora. Amante del protocolo helvético, orna sus convites de melindres y frufrús, de gollerias y delicadezas muy ricas en colesterol. Esta riqueza de lo superfluo se extiende por todos los ámbitos ulrikenses. Porque Ulrika es rica y presume de rica, es tonta y presume de tonta, es mala como un dolor y presume de bondad franciscana. A Ulrika se le llena la boca de pâté de fois y de proyectos empresariales ambiciosos y muy modernos. El primero enriquece su obesidad, los segundos empobrecen a sus clientes y proveedores. Hipócrita, falsa y dañina, se regodea en la insidia marrullera y el pellizco de monja envenenado. Miente más que caga, aunque caga toneladas cúbicas de mierda amarillenta y viscosa: comenzó siendo sólo pedorra pero fue mejorando su arte hasta el virtuosismo. Miente por mentir y por chinchar, pero, con más inteligencia, podría llegar a ser una profesional de la trapacería y del embuste productivo. Apunta maneras para el rijo y la ninfomanía, pero su fealdad y su condición de divorciada cornuda la mantienen en estado perpetuo de castidad obligada. Alcanza sus mejores logros en el pasmo de papanatas y advenedizos. Posted by Picasa

Retratos nada imaginarios. 3.- Casandra

Ni tiene el don de la profecía, ni fue amada por Apolo, pero merece ser muerta a manos de Clitemnestra. Esta peculiar sibila vaticina, eso sí, desastres y acierta siempre que es ella quien los provoca. Es amiga de Calpurnia, con la que gobierna una pequeña sociedad de socorros mutuos. Su rostro, de nada serena hermosura cuando joven, evolucionó hacia una decrepitud agresiva, mustia y demacrada. Su terreno de juego es propicio a la artimaña sórdida, a la intriga zafia, al comadreo destructivo. Las malas artes y el envite tramposo son sus armas predilectas, porque, poco sutil como es, las cree muy femeninas. Manipula a quienes reputa fieles, aunque poco le duran las lealtades que no sean excepcionalmente estúpidas. En estado de ebrieda alcanza las más inaccesibles cotas de vileza.
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Tuesday, August 01, 2006

Retratos nada imaginarios. 2.- Calpurnia

La envidia, como los celos, es de color verde. La envidia es el más odioso y mezquino de los siete pecados capitales, más incluso que la avaricia, pues, a diferencia de ésta exige el infortunio del prójimo como condición necesaria del deleite propio. Calpurnia es constitutivamente envidiosa y, como tal, primariamente odiosa y mezquina. El color verde cloaca trasluce en su rostro adusto y esquinado. La llamo Calpurnia, sin saber si la esposa de César era o no envidiosa, porque la sonoridad híspida y agreste de ese nombre conviene y se adecua al alma retorcida de mi retratada como la vaina al puñal. El marido de Calpurnia no escribió La Guerra de las Galias porque tampoco sería capaz de escribir con la mínima solvencia exigible la croniquilla de un partido de fútbol de segunda división. Esta circunstancia encorajina inconfesable e inconfesadamente a Calpurnia, cuyo carácter se agria más y más según declina su vigor hormonal. No es Calpurnia escasa de luces, pero su inteligencia se ve dañada por la acidez de los humores. Es sumamente infrecuente y difícil oir de Calpurnia una frase amable o un comentario benevolente. Calpurnia se cuece en su propia salsa avinagrada y morirá con un rictus de inquina sorda y de livor en los labios.
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Monday, July 31, 2006

Retratos nada imaginarios. 1.- Doña Sol

Es totalmente asexuada, pero gusta de imaginarse, como Manon, in quelle trine morbide. Carece del más elemental sentido común, lo que no le impide intentar, y en ocasiones conseguir, gobernar la vida de cuantos le rodean. Una dulzura impostada, ultrasuave y sumamente cargante disimula apenas la abrasividad de una lija del nueve. Autoritaria, egocéntrica hasta el ombliguismo, desconsiderada y fatua, pretende convencer al mundo de su preocupación por el prójimo, su desprendimiento y su liberalidad. Más cursi que la niña de la estación, exhibe pujos de buen gusto artístico. Posee un piano de cola que ocupa toda una pieza de su casa y cuyas teclas esperan a perpetuidad la mano de nieve -por lo fría- que les arranque el primer compás. Metidos en becquerianos gastos, debemos señalar que alberga la firme convicción de ser la destinataria nata de la rima que comienza con eso de Cendal flotante de leve bruma..., pero su sutileza y su espiritualidad se parecen más a las de la señorita de Trevélez que a las de la Laura de Petrarca. Atacada del síndrome de la divorciada cornuda, se reconcome y complace en putear a su "ex" y en hacerse acompañar de chevalier servant, que le sirve tan solo como animal de compañía, sin los derechos de la más humilde mascota. Hipocondríaca hasta la desesperación, pronuncia conferencias médicas ilustradas, practica el intrusismo recetando pócimas y recomienda profesionales sufridores de su entera confianza. Para reforzar su autoridad, no duda en presentarse, una y otra vez, como cardiópata avezada. Por si tales prendas fuesen escasas, el mayor pelmazo del mundo palidece ante las supremas habilidades en el arte de dar la vara de esta dama singular, que paga las facturas telefónicas más abultadas de la Europa comunitaria y se hace esperar más de hora y media en todas y cada una de sus citas y compromisos, incluido el compromiso político, del que hace bandera agresiva. Last but not least, la señora ha entrado ya en la sesentena.
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Saturday, July 15, 2006

Abuelazgo

Se llama Léo y nació en la maternidad de Les Lilas el pasado día seis. Es mi primer nieto. Por parte de padre tiene ancestros sefarditas. Del lado materno, que es el que me otorga el abuelazgo, tengo la nulamente documentada impresión de que no hay demasiados cristianos viejos por ninguna de las ramas ascendentes por la que se tenga el capricho de trepar. Que yo sepa, niguno de sus actuales parientes más próximos profesa religión alguna. Bienvenido seas, muchachito. Estás en buenas condiciones de crecer libre y feliz, incluso en un mundo tan baqueteado como éste en el que nos está tocando vivir. Prometo poner todo lo que esté en mis manos para que así sea. Se te ve un rostro más diferenciado de lo que suelen estar los de los mamoncillos de tu edad y condición. Consérvalo y mejóralo, incluso después de los cincuenta, edad a partir de la cual, según se dice, cada quien tiene la faz que se merece. Después de los cincuenta y después de los ciento cincuenta, porque, como dice el conocido chiste, para qué poner límites a la divina providencia. Brindo por tí.
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Sunday, July 02, 2006

Sara Montiel

Esta señora que hoy vemos, queridos niños, como ilustración fondona y abotargada del sic transit gloria mundi, fue, como podeis observar, mujer de belleza singular y rotunda, con un tirón erótico capaz de mover la entera dotación logística de RENFE. Este juguete roto, que sobrevive de la avidez de las revistas de la entrepierna, encandiló los más tórridos sueños de la generación de mi padre y de la mía propia, en un tiempo en que la mugre verdinosa y grisácea del franquismo hedía con particular acritud. Este icono vivo de la mariconería ibérica y mundial cantaba con excitantísima voz de fregona constipada y cursi los cuplés más socorridos y hacía de ellos baladas lánguidas y libidinosas que nos ponían como una Harley Davidson. Este ser patético y vulgar se pasó por la piedra, según cuenta en sus memorias -y me cuesta creer que mienta- a lo más granado de las ciencias y de las artes, desde Gary Cooper hasta Severo Ochoa, desde Hemingway a su marido Anthony Mann. En ocasiones, se empeñaba en disfrazarse de gran dama, pero su encarnadura era más de putón verbenero que de chulapa castiza o de marquesona candonga, y aún con todo y eso levantaba los corazones y demás órganos vitales con mayor y mejor eficacia que el más vigoroso estimulante con sólo dejarse ver. Tenía el alma plebeya y el instinto proletario, antes de convertirse en pasto de logreros. Fue, en fín, mujer de rompe y rasga, de armas tomar y no de pelo en pecho sino donde se debe tener.
Contemplando la imagen que ilustra esta entrada, no pude resistir la tentación de hacerle este homenaje, aunque sí la de hacérmelo a mi mismo. Cosas de la edad.
Va por usted, doña Sara.
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Il Comte Ory

Van en orden cronológico inverso los comentarios sobre el recital de Isabel Rey, que tuvo lugar ayer, sábado y día dos y sobre Il Comte Ory, que se representó el viernes, día uno. Vaya en primer lugar una opinión que no suscribe una porción no demasiado escasa del público: me encantó la puesta de escena de Lluis Pasqual. A quienes piensan que una historia bufa de sabor medieval, con cruzados ausentes, damas aburridas, seductores torpes y lances equívocos no se pude ambientar en un lujoso salón con arañas cristalinas, mesas de billar muy historiadas, cortinas propias de la marquesa de La Regenta y vestuario rigurosamente actual, sólo desmentido por las imprescindibles tocas monjiles y los expresivos cascos de capirote, les pido humilde licencia para replicar que tales decorados forman parte de una brillante, irónica, desvergonzada y adecuadísima intención narrativa. Nada impide imaginar que unos ricos burgueses ociosos se están contando a sí mismos un ensiemplo chocarrero, una decameronada chunga y chusca, una juerga alegre y disparatada en la que nada es verosímil, pero sí muy divertido y risible. Los abundantes guiños, a pesar de ser muy obvios, refuerzan la comicidad de las situaciones. Como el burlador es un cretino y debe resultar justa y necesariamente burlado, como las damas virtuosas tienen su virtud muy a punto de caramelo, todo debe decirse como se dice y presentarse como se presenta. Como todos los personajes están al cabo de la calle de lo que está sucendiendo y va a suceder, nadie necesita evitar la trapisonda. Y en esa trapisonda, el salón decadente queda de lo más propio.
En la imagen elegida, la puesta en escena es la misma que anteayer hemos contemplado. Sólo que en ella está Juan Diego Flórez, que habría culminado una velada, digna de todos modos de feliz recuedo. Marc Laho es un tenor belga, rechoncho y correctito, cuya voz palidece y se esfuma ante la sola evocación de la del peruano. Hay un DVD que recoge una interpretación suya del mismo personaje (Ory) en el festival de Glyndebourne de 1999, en el que Diana Montaigue hace un Isolier bastante mejor que el de Francesca Provvisionato. Excelente y muy guapa la soprano rusa Irina Samoylova (Adéle), muy en su sitio el barítono bajo Simón Orfila (Le Gouverneur) y apropiada la mezzo Marina Rodríguez-Cusí como Ragonde. Los demás, ni fu ni fa.
Las banderitas de colores arco iris que se agitan en la escena final ¿son otro guiño de Lluis Pasqual? Andrés, que es muy sabio, cree que no.
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Recital de Isabel Rey

Por comprensible capricho, los organizadores del festival Mozart quisieron rematar el de este año con una sesión monográfica del valenciano Martín y Soler, contemporáneo de Mozart, a quien el genio tenía en muy buena consideración. El rito fue oficiado por la también valenciana Isabel Rey, habitual de la casa y elegida por Harnoncourt para algunas grabaciones mozartianas.
Veintiuna canzonette son muchas canzonete aunque sean ligeras y graciosas, se distribuyan en dos partes con un intermedio, se completen con un aria de ópera y, con todo, no ocupen más tiempo que una hora y diez minutos. Tal vez por eso mismo, Isabel Rey, por iniciativa propia, sin hacerse nada de rogar, declaró que tenía ganas de hacer más música y se arrancó con el Fado de Halffter cuando aún no habían acabado los aplausos, algo fríos, de un público con cara de circunstancias. Vino despúes el vals de Mussetta (Quando m'en vo), porque, al parecer, La Bohème forma parte del repertorio de esta soprano mucho más mozartiana que pucciniana. Cantó luego con delicadeza suma y sensibilidad muy cálida Deh, vieni non tardar...Giunse alfin il momento, la deliciosa aria de Susanna del cuarto acto de Le nozze di Figaro. La emoción alcanzó aquí muy altas cimas y tal vez hubiese sido ese el momento de encenderse las luces. Pero la valenciana quiso darse -y darnos- el gusto de ponerse picaruela y cantó Quel sguardo il cavaliere, de Don Pasquele, que debió de servirle de ensayo y precalentamiento muy anticipado de la función que, según nos informó, tenía hoy a las dos de la tarde. Y con esto nos despedimos hasta el año próximo.
Adelgazó considerablemente la señora Rey y luce imagen estilizada, elegantemente enfundada en vestido de color oro viejo. Sugestiva, aunque las marcas de edad se hagan más visibles con esta nueva fugura. Se me ocurrió hacer una porra conmigo mismo y pronosticar que lleva encima cincuenta y siete primaveras. ¿Puede alguien decirme si he acertado?.
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