En esta edición de 2006, no cogí el abono y hube de contentarme con cuatro espectáculos sueltos que se celebran en fines de semana. El primero de ellos tuvo lugar ayer en el teatro pequeño, con escenario en obras. Era sábado, no martes, ni viernes. Era día 3 y no 13. Sin embargo, alguna maléfica confluencia astral debió de producirse, porque sólo de ese modo puede explicarse que, con sólo treinta minutos de diferencia y en el reducido ámbito del odeón, la soprano Isabel Monar estuviese a punto de romperse la crisma, con resultado final de sólo leves desgarros en su elegante vestido azul de raso, y el joven pianista Rubén Fernández Aguirre perdiese una partitura. Con retoques en el orden del programa, el recital se desarrolló de manera musicalmente irregular. Por orden inverso a la agudeza de sus respectivos timbres, los tres solistas hicieron sus presentaciones vocales con Martín y Soler. Así pues, el barítono David Menéndez entonó una Preghiera algo fría, pero muy correcta; la mezzo Marina R. Cusí despachó Da parte gli scherzi, de L'arbore di Diana, con natural elegancia, y la soprano Isabel Monar se repuso de su percance con simpática entereza y cantó Consola le pene mia vita, de Una cosa rara, con solvencia más que suficiente.Sunday, June 04, 2006
Otra vez el Festival Mozart
En esta edición de 2006, no cogí el abono y hube de contentarme con cuatro espectáculos sueltos que se celebran en fines de semana. El primero de ellos tuvo lugar ayer en el teatro pequeño, con escenario en obras. Era sábado, no martes, ni viernes. Era día 3 y no 13. Sin embargo, alguna maléfica confluencia astral debió de producirse, porque sólo de ese modo puede explicarse que, con sólo treinta minutos de diferencia y en el reducido ámbito del odeón, la soprano Isabel Monar estuviese a punto de romperse la crisma, con resultado final de sólo leves desgarros en su elegante vestido azul de raso, y el joven pianista Rubén Fernández Aguirre perdiese una partitura. Con retoques en el orden del programa, el recital se desarrolló de manera musicalmente irregular. Por orden inverso a la agudeza de sus respectivos timbres, los tres solistas hicieron sus presentaciones vocales con Martín y Soler. Así pues, el barítono David Menéndez entonó una Preghiera algo fría, pero muy correcta; la mezzo Marina R. Cusí despachó Da parte gli scherzi, de L'arbore di Diana, con natural elegancia, y la soprano Isabel Monar se repuso de su percance con simpática entereza y cantó Consola le pene mia vita, de Una cosa rara, con solvencia más que suficiente.Thursday, May 11, 2006
Familias "monomarentales"
Frecuentemente, soy el último en enterarme de las cosas que suceden en mis entornos más inmediatos, incluido el laboral. Así, por ejemplo, esta misma mañana, tuvo que ser una compañera quien me diese noticia de que una convocatoria de plazas para guarderías públicas debió corregirse, y fue además objeto de cuchufleta mediática, porque en su texto figuraba la expresión "familia monomarental o monoparental". La buena mujer quería que le aclarase, en mi condición de filólogo bricoleur (y de chichinabo), si la corrección era pertinente y la rechifla justa. Me lo pidió por correo electrónico y he aquí mi respuesta:A ver si podemos aclararnos un poco.
El vocablo parental proviene, obviamente, del latín parens-tis, participio activo del verbo parire (=parir). Parens es, pues, quien pare y, por extensión, quien engendra (o, mejor, quien fecunda o insemina). Parentes son, en consecuencia, la madre (que pare) y el padre (que insemina o fecunda). En una siguiente extensión semántica, son parentes (=parientes) todos los unidos por una relación consanguínea o, incluso, afín. Está claro que, en este caso, los que nos interesan son el padre (que insemina o fecunda) y la madre (que concibe y pare). En estos estrictos téminos, la única familia monoparental de todos los tiempos sería la formada por Jesucristo y su madre, siempre que se acepte la sinrazón de que María permaneció virgen antes del parto, en el parto y después del parto, caso extraordinario y único de partenogénesis humana. Chorradas aparte, quedamos en que son parentes tanto la madre como el padre (y, si me apuras, más la madre que el padre, pues es ella la única que pare, con o sin "couvade").
Sin ponernos tiquismiquis, podemos admitir la parasíntesis "monoparental", siempre que ello se refiera a una familia constituida por un hijo, o varios, y sólo uno de sus dos progenitores. Pero, ciertamente, lo de "monomarental" es un despropósito lingüístico y una "cantada" ignara y paleta. Son las consecuencias nefastas de querer ser políticamente correcto a toda costa.
¡Ay, "mare" mía, que la virgen ("monomarental") de los desamparados nos ampare!
Wednesday, May 10, 2006
Der Besuch des alten Dumm, oder Der Kulturkommissar, oder "Ridicule"
Por obvio que resulte, necesito explicar el título de esta entrada: se trata -discúlpenme la prescindible aclaración- de un torpe juego de palabras con el título original del célebre drama de Dürrenmatt La visita de la vieja dama, sustituyendo, con las necesarias adptaciones de género gramatical, Dame (=Dama) por Dumm (=tonto). En el intermedio de la representación del Don Carlos verdiano que tuvo lugar ayer en mi ciudad de residencia, me encontré con un vecino de mi ciudad de origen, levantino de nación y amante, según sus propias palabras, del cuadrante noroccidental de la península, que usurpa más que ocupa un alto cargo en la administración cultural del municipio. Venía el sujeto a estudiar, a cata y a cala, las posibilidades de llevar a su jurisdicción a la compañía búlgara que perpetraba el desaguisado. Loable y esforzado propósito de un funcionario eficiente y resolutivo.
Debería, en todo caso, de haber sido yo el sorprendido por el encuentro. Pero esta clase de individuos posee la virtud de volver del revés cualquier situación, por peregrina que ésta sea y, como si lo más natural y lógico del mundo fuese su presencia a cuatrocientos kilómetros de de su casa o de su lugar de trabajo en día de labor y lo más absurdo e inimaginable la mía en un espectáculo en el lugar en que vivo, exclama el iluminado:
- ¡Pero bueno...! ¿Cómo tú por aquí?.
Como es fácil de imaginar, el comisario de cultura es un hombre untuoso y relamido, engolado y pedantón, menudito y con pujos de seductor caduco, se autorreputa de afrancesado y no pasa de precioso ridículo. Por otra parte, debe de andar circunstancialmente muy necesitado: se le iban los ojos tras el culo espléndido de la alcaldesa pepera (que, sin que sirva de precendente, ornaba con su palmito un evento operístico), como los de un hambriento tras un chorizo de Cantimpalo.
De los búlgaros y su versión de Don Carlo, mejor no hablar mucho: si no se hubiesen merendado el primer acto enterito, si no hubiesen cambiado arbitraria y gratuitamente el final de la obra, si, por el contrario, se hubiesen cargado, por incompetencia absoluta, al fulano que interpretaba al Marqúes de Posa en el inicio mismo de la representación, sin esperar al lugar propio del acontecimiento en el cuarto acto, su actuación podría haberse tolerado, pese a lo casposo y cutre de la escenografía y a la sustitución de las sandalias del Gran Inquisidor por mocasines blancos con adornos de goma negra.
Monday, May 01, 2006
Una camarera que se parece a Virginia Woolf


Pasé este fin de semana con estrambote en mi ciudad natal. Menguadas están sus antiguas glorias industriales y su presunta prosperidad siderúrgica, lo que no impide que tenga una sorprendente ocupación hotelera que llegó al cien por cien en estos tres días de vacación. Sus visitantes no deben ser demasiado andariegos, ni siquiera paseadores, porque las calles del centro histórico ofrecían un aspecto más bien tristón y ralo. Estaban, al parecer, llenos los restaurantes y tabernas especializados en cocina y bebida regionales. Por eso, y también por razones de amistad y de fuerza de la costumbre, acudí a los sitios que más frecuento para abrevar y pastar. Uno de ellos, que utilizó José Luis Garci para ambientar alguna secuencia de su película You are the one, está regentado por un viejo amigo, mejor persona que empresario, cuyos empleados, bastante cambiantes, gozan del dudoso privilegio de la desfachatez controlada, que ejercen con los clientes de confianza, entre los que me cuentan. Siempre creí que el más antiguo de los camareros, especialmente deslenguado, era el mejor cualificado para hacerse con la titularidad del negocio una vez que su dueño actual se decida a darle gusto a su inveterada vocación de rentista. Pero me bastó oir dos frases a una nueva empleada, una uruguaya con la mirada en la caja y el perfil en la parroquia, para darme cuenta de que esta joven, acuciada por la precariedad del inmigrante, le merendará las aspiraciones con cuchillo y tenedor a su veterano compañero. Se parece a Virginia Woolf y tiene mucho más de wolf que de virginia. Triunfará.
Monday, April 10, 2006
Carta abierta a Lucía Etxebarría
Sra. Dª Lucía EtxebarríaPremio Planeta
Muy señora mía:
Acabo de leer la columnilla que, con el título La gauche divine, publica usted hoy en un periódico de difusión gratuita, promovido precisamente por el grupo editorial que tuvo la avilantez de otorgarle a usted su premio estandarte no recuerdo bien que año.
Utilizando como fuente un diario bien conocido por la generosidad con que trata a personas y personajes de izquierda cuando arroja sobre ellos todas sus inmundicias, nos habla de la fortuna personal de Bernard Henri-Levi y de la novela de su hija Rien de grave.
Permítame, antes que nada, un ejercicio inocente de pedantería cicatera. El nombre francés que designa al conjunto de municipalidades y barrios de la periferia de París tiene género gramatical femenino y se escribe banlieue y no banlieu como usted o, menos probablemente, el corrector de guardia han escrito. Por otra parte, hay en esa banlieue inmigrantes y desheredados de la fortuna, pero también zonas residenciales de muy alto copete. No se olvide usted, Doña Lucía, de que Vincennes por el este, o por el oeste Neully, Versailles y Rambouillet forman parte de la periferia. Por último, Saint Germain des Prés, con tanto prestigio de barrio intelectual (a saber por qué), es, ciertamente, una de las zonas más caras de París, pero el dudoso privilegio de ser la más cara lo venía ostentando hasta hace bien poco el distrito dieciséis. Peccata minuta y pelillos a la mar.
Lo enojoso, lo verdaderamente molesto, es considerar al proclamado nuevo filósofo Bernard Henri-Levi como un ejemplar de la izquierda francesa, sea ésta divine o humaine. Estamos bastante acostumbrados a que usted, en sus pintorescas apariciones públicas, confunda la velocidad con el tocino, el culo con las témporas y la gimnasia con la magnesia. Pero hoy se supera usted a sí misma. Me puedo imaginar la estupefacción del propio interesado si llega a enterarse del despropósito. Enhorabuena, señora Etxebarría: hoy ha confundido usted la bisectriz con la gripe del pollo (o de su hembra).
No he leído Rien de grave y, por tanto, no puedo pronunciarme sobre su calidad literaria. Pero mucho me temo que, en el peor de los casos, no ha de ser inferior a la de cualquiera de las novelas, es un decir, que usted viene perpetrando.
Sunday, April 09, 2006
Tirante el Blanco
Tiene Vicente Aranda en su curriculum de autor muy notables creaciones que lo acreditan como cineasta talentoso y honesto. Se enfrenta aquí con el gran clásico de la literatura hispánica en catalán (sí, ya sé que Joanot Martorell era valenciano, pero me niego a admitir el disparate lingüístico de que el valenciano es cosa distinta a una variante dialectal del catalán). Y el resultado, pese a todas las prevenciones que discretamente el director se impuso, es, en mi humilde opinión, un fiasco. Quiso Aranda elegir para su versión los aspectos más humorísticos, la mirada más erótica y el talante más descreído de las andanzas del aguerrido caballero. Todo ello constituye una posición de partida espléndida, que no es, sin embargo, capaz de evitar un ritmo narrativo cansino y moroso y una frialdad expresiva, provocantes no a risa, sino a ocasionales bostezos que ni la fotografía esplendorosa de Alcaine ni los encantos estimulantes de Esther Nubiola (Pricesa Carmesina), Leonor Watling (Placerdemivida) e Ingrid Rubio (Estefanía) logran conjurar. Las tres están brillantes, como el resto del elenco, con especial mención del veterano Giancarlo Giannini en su papel de Emperador tronado y gagá, y de Victoria Abril, la más rijosa que maligna Viuda Reposada.Saturday, April 08, 2006
La fiesta del chivo
No me defraudó en absoluto la versión cinematográfica de la novela de Vargas Llosa. Con las inevitables elipsis, Luis Llosa logra algo nada fácil: mantener al espectador atento sin esfuerzos durante las dos horas y cuarto de proyección. Cierto que hay omisiones: las prolongadas sesiones de tortura a que es sometido el militante vasco y colaborador de la CIA Galíndez, antes de ser asesinado a manos del propio Trujillo y los equilibrios sobre la cuerda floja que ejecuta Balaguer en las horas inmediatamente posteriores al justo y chapucero tiranicidio, entre las más notorias. Cierto también que no sobra la sutileza en el trazo de algunos perfiles protagonistas y que el incómodo parecido físico (clónico casi) de Isabella Rosellini con su difunta madre Ingrid Bergmann nos provoca la sensación de estar viendo fantasmas. Con todo, la película logra sobrada y dignamente acertar con el tono adecuado para narrar el desgarro vital de Urania Cabral y todo el horror y la infamia de un régimen sanguinario y corrupto. Un déspota necesita siempre de muchísimas complicidades, de demasiadas complicidades, de manera que, como lúcidamente se ha repetido, lo peor de las tiranías no son tanto sus crímenes horrendos como su monstruosa y casi universal capacidad para pervertir conciencias. Ese aspecto crucial queda expresado con suficiencia en el relato novelesco y en su traducción fílmica.Sunday, April 02, 2006
El discurso del energúmeno
Los energúmenos son bastante ubicuos. No se encuentran sólo en los partidos de fútbol de máxima rivalidad o en las tertulias de la COPE. Aparecen en lugares aparentemente insospechados por el refinamiento que gratuitamente se les presume. El otro día, en un concierto de la Orquesta Nacional de Ille de France que se celebraba en uno de los auditorios de la ciudad en la que vivo, mi vecina de asiento por la izquierda, una anciana malencarada y miope, blandió el programa de mano y asestó un papirotazo en el occipucio de otra fémina que ocupaba la butaca del mismo número de la fila siguiente a la que usurpaba la agresora. La víctima, una chica joven y modosa, se quedó literalmente sin respiración y ni siquiera osó volver el rostro hacia atrás. Debemos aclarar que nada hacía la muchacha que pudiera argumentarse como muy parcial descargo del vejestorio: no mascaba chicle, no abría y cerraba su bolso, no desenvolvía caramelos, no tosía, no aplaudía a destiempo, ni siquiera llevaba teléfono móvil. Sonaba el segundo movimiento del Concierto para violín y Orquesta op. 61, de Saint-Saëns. El andantino quasi allegretto debió de convertirse para la infeliz en subito molto dolente, pero mantuvo el tipo con ejemplar presencia de ánimo. En el intermedio, tal vez ya repuesta, con acento muy moderado se atrevió a recriminar al estafermo su fea conducta. La hidra le replicaba: "Movías la cabeza sin parar y me harté". Ni siquiera esto era verdad: la moza, de vez en cuando, apoyaba la cabeza por unos segundos en el hombro de su acompañante y la volvía a erguir. Eso era todo. Tímidamente, intervine en defensa de la ultrajada: no soporto a las gentes que en presencia de una injusticia manifiesta, por leve y poco importante que sea, se callan como muertos.
Wednesday, March 29, 2006
El juego de los fracasos y el juego de los escaques

Mi hija, que es profesora de español en un liceo de la banlieue parisina, me cuenta que uno de sus alumnos, en un ejerciccio de redacción, le mostró la siguiente perla: "me gusta jugar al juego de los fracasos". Como no parece probable que un adolescente adopte para sí una tan lúcida filosofía de perdedor, no nos queda otra opción que la de pensar que el muchacho fue traicionado por su diccionario y, simplemente, consultó échec, en singular y en primera acepción, y se encontró con un fracaso verdaderamente cantarín y tal vez premonitorio. El curioso error puede dar bastante juego para ejercicios de literatura recreativa, pero no es ese mi propósito. Demasiado influido por la actualidad, incurriré con pertinacia en el feo vicio de volver a husmear en el asunto del alto el fuego permanente anunciado por ETA. Lo siento por Doña Elvira Lindo: tal vez tenga yo una insospechada vocación de manifestista.
Saturday, March 25, 2006
Volver

Se tomó algún tiempo Pedro Almodóvar, desde La mala educación, para retomar la cámara. En ese sentido, el título de la película autoriza a interpretarlo también como una proclamación. Vuelve, en efecto, y lo hace con dos de sus actrices favoritas, otras dos de nueva incorporación al grupo, una vieja gloria imprescindible y una promesa en flor. Y vuelve con una historia con inconfundible sello de fábrica, una historia manchega y universal, sentimental y esperpéntica, tremendista y tierna, melodramática y cómica. O sea, con una historia genuinamente almodovariana. El resultado es tan brillante y conmovedor como siempre y con otro cuartillo añadido de madurez y perfección con el que Don Pedro nunca deja de aderezar cada una de sus sucesivas creaciones. También como siempre luce esplendorosamente su capacidad proverbial para la dirección de actrices y nos ofrece a una Penélope Cruz despojada de glamour, más bella que nunca y mostrando una insospechada vis dramática de actriz de raza. Carmen Maura, desmelenada y desbordante, está a la altura de sí misma. Lola Dueñas confirma y revalida su espléndida labor en Mar adentro, con un papel muy distante del de la amiga de Ramón Sampedro. Blanca Portillo aporta credibilidad superior. Chus Lampreave se regodea como clásica del autor. La niña Johana Cobo es la naturalidad en estado puro. E impecable, como no podía ser de otra manera, la fotografía de Alcaine.
Friday, March 24, 2006
Alto el fuego permanente (2)
Me autosorprendo en flagrante delito de filisteismo. En mi entrada de anteayer, movido por no sé muy bien qué clase escrúpulos, remilgos o aprensiones, pretendía alejarme de lo que las almas miserables llaman sectarismo y que no es otra cosa que la necesaria toma de partido (sobre todo, en contra) que la decencia elemental viene demandando en este país desde hace ya demasiado tiempo. Me refiero, claro está, a la actitud mezquina, innoble, desvergonzada, resentida y putrefacta que el llamado PP (Proyección Paranoide, en feliz expresión de mi amigo José Fernando Pérez Oya), viene exhibiendo con impudicia intolerable y que ni siquiera es capaz de contener en momentos en que la dignidad y la inteligencia exigen un mínimo ejercicio de mesura. Cuando, con ingenua generosidad, la izquierda española le otorga carta de naturaleza democrática a ese precipitado de posfranquismo, arribismo, caspa ideológica, chulería, mendacidad y rencor (¿de qué?) a ese simulacro de formación política, controlada de cerca por uno de los individuos más antiestéticos, tanto física como espiritualmente, de toda la historia de España, está, ciertamente, haciendo de la necesidad virtud, pero está también tragando, en aras a esa necesidad, una tan ingente cantidad de sapos que corre el riesgo de indigestión crónica e incluso de envenenamiento letal. En los últimos días, la mayoría de los medios de comunicación están intentando dar a entender que el PP entra, por fin, en razón y se esfuerza en ponerse a la altura de las exigencias. No lo creo yo así. Las declaraciones infames de, entre otros, Jaime Ignacio del Burgo, María San Gil, Jaime Mayor Oreja, el indigerible e inevitable Eduardo Zaplana y el mismísimo "antiestético por antonomasia" pesan mucho más y tienen mucho mayor eco en la militancia cerril, que los fríos, aguachirlados y forzados ofrecimientos del cada día más indigno Rajoy en sede parlamentaria. Que les zurzan.Traducir a tontas y a locas
Esta mañana escuchaba Radio-2 y sonó la célebre romanza de Los Gavilanes que dice eso de No hay rosa como los labios de mi zagala... Mi cráneo alberga zonas cerebrales de tontuna bastante extensas y alguna de ellas debió de quedar activada con los trinos de Alfredo Kraus, de modo que me sorprendí a mí mismo maullando en inglés: There's no rose like my shepherdess' lips...Lo peor de todo es que me salió de manara espontánea, impremeditada, amorcillada y bobalicona. Paré de cantar, me dije que ya no tenía amigos ingleses a quienes divertir con aquellas simplezas del tipo too much for my body o from lost to the river. Pero pronto caí en la cuenta -nada hay que no se pueda empeorar- de que mi traducción repentizada ni siquiera tenía la escasa gracia de aquellas necedades adolescentes. Recordé el primer verso de uno de los sonetos de Shakespeare: My mistress' eyes are nothing like the sun, que expresa la idea contraria a la de la romanza zarzuelera, pero que adopta una forma gramatical prácticamente idéntica. No es posible cagarla con mejor éxito. Así que, animado por la rápida fortuna, me lancé al vacío con licencia para disparatar. Véanse los resultados:1. Versión alemana (Das unmögliches Hirtenlied ): Es gibt keine Rose als meiner Schäferin Lippen.
2. Versión francesa (petite pastorale solennelle): Il n'ya point de rose comme les lèvres de ma bergère.
3. Versión italiana (una pastorella audace): Non ha più rosa come i labbri della mia pastorella.
4. Versión portuguesa (a verdadeira dimensâo da lirica pastoril): Nâo hà rosa como os beiços da minha zagala.
Cuando mi hija, traductora e intérprete profesional -y una de mis escasísimas lectoras- tenga conocimiento de que estoy jugando con sus cosas de comer me va a repudiar como padre. Perdóname, Sariña bonita: son pecados y sandeces de vejez.
A otros profesionales de la lingüística y la traducción, que les den dos duros. Ya sé que tienen muchísimas cosas que enseñarme, entre otras que el libreto de Los Gavilanes no es precisamente una novela pastoril y, en académica consecuencia, la palabra zagala, "en el contexto de la obra", no debe tomarse sino en su primera acepción de "muchacha soltera" (DRAE). Se me da una higa. A mi me gusta que sea pastora y ahí queda eso.
*Ilustración de la entrada: BOUGUERAU: The young Shepherdess, 1885. San Diego Museum of Art.
Thursday, March 23, 2006
Alto el fuego permanente
Si las cosas evolucionan razonablemente bien, si la ciudadanía piensa más y embiste menos, si la llamada clase política se aviene a ejercitarse al aire libre, si nacionalistas vascos y nacionalistas españoles aprenden laicismo y civilidad, si los verdugos purgan sus culpas y algunos deudos de las víctimas saben ennoblecer su dolor y exigir justicia sin confundirla con la vendetta pública, si los predicadores de esencias y los vendedores de inquina se callan para siempre, es posible que allá para 2012, año arriba o año abajo, ETA haya pasado a la historia de la infamia y la ignominia. Menos claro me parece, aún con todos estos problemáticos pronunciamientos a favor, el futuro de la sociedad vasca sin la presencia de un demonio familiar que facilitaba a unos la máscara fea del hermano malo y a otros el pim-pam-pum mágico que hacía rebotar en todas las direcciones las pelotas de plomo y mierda que contra él se lanzaban. En el mejor de los casos, empezaremos a vivir como adultos responsables y no como energúmenos o mequetrefes. En el peor, nos entra un ataque de aburrimiento, un fervorín de patriotismo y un retortijón de nostalgia y volvemos a liarla. Wednesday, March 22, 2006
Cabaret literario

Vivir en una ciudad de provincias tiene sus ventajas. En la que yo vivo, hay un restaurante que han puesto de moda la progresía señorita local y cierto diario de difusión panespañola. Como no podía ser de otra manera, está ubicado en lo que con una suave dosis de ironía benévola se podría llamar la milla de oro del lugar, en un lateral de la planta baja de un museo de más que dudosa utilidad. Los fines de semana ofrece cenas con espectáculo, de menú cerrado y a precio bastante razonable. El viernes pasado tocaba cabaret literario. Acudí sin saber qué me esperaba, arrastrado por unos amigos, casi tan ignorantes como yo de lo que se cocía, dispuesto a tragar lo que me echasen. A decir verdad, la cosa salió bastante bien. Autor y actores salieron del trance mucho más que dignamente. Tres mozos animosos y dos mozas pizpiretas cantaron, bailaron, recitaron, declamaron y dialogaron músicas y textos ingeniosos, algo provocativos, decentemente desvergonzados, hilarantes a veces, con deriva intelectual y algo lastradillos de ideología. Curiosamente, el barco no escoró a babor ni a estribor, más bien zapicó de popa sin bandazos y llegó a puerto con el casco y la tripulación muy enteros.
Monday, March 20, 2006
Match Point o Dostoyevsky al revés
La, por ahora, útima película de Woody Allen no necesita de gags originales ni de diálogos ingeniosos para expresar el genuino humor del autor. Ninguna risa y escasas sonrisas pueden producirse a lo largo de las casi dos horas de esta historia paradójica y algo provocativa. Que la vida misma, incluida su aparición, es fruto del azar y de la necesidad era cosa ya sabida. Lo novedoso es que tal idea se ilustre con un relato fronterizo con el impudor (Diccionario de la Real Academia Española: impudor. [segunda acepción]. Cinismo en defender cosas vituperables).Partiendo de una situación clásica y tópica de arribista con encanto, se llega a un final también clásico, aunque con una conclusión poco ortodoxa (la vuelta del revés de Dostoyevsky), pero impecablemente coherente con la tesis determinante: el éxito o el fracaso no dependen de nuestro esfuerzo ni de nuestras habilidades, sino del puro azar, tal como sucede en una partida de tenis en la que la pelota que roza el borde de la red decide la suerte última cayendo de un lado u otro de aquélla. Como esta pirueta narrativa constituye el gigantesco gag que es la película entera y, a la vez el desenlace del poco apretado nudo que sigue a un planteamiento nada extraño, no se puede, naturalmente, desvelar sin reventar intriga y chiste. A disfrutar de Woody Allen, que sigue siendo un genio.
Sunday, March 12, 2006
Truman Capote
Después de haber leido la esplendorosa columna que hoy mismo publica Manuel
Vicent en El País sobre Truman Capote, A sangre fría y todo lo demás, nadie - y yo menos que nadie - debería atreverse a escribir ni una sola palabra sobre el espinoso asunto de las servidumbres de la belleza. Sólo apelando a la impunidad de que gozamos los perfectos desconocidos y los abandonados por el sentido común, me permito, vista la película y leída la columna, hacer unos banales comentarios sobre aquélla y unas ingenuas consideraciones acerca de ésta. Refiérense los comentarios a las tres virtudes fundamentales que, en mi opinión, posee el filme de Bennet Miller: la magistral reconstrucción de los ambientes de época, la dirección de actores (aunque, evidentemente, Philip Seymour Hoffmann no precise del tal batuta) y el planteamiento sobrio y exacto de lo que, para entendernos, llamaremos la cuestión moral. Y a tal cuestión moral se refieren - ocioso es adelantarlo - las consideraciones en torno a la columna vicentina.¿Era rigurosamente imprescindible, tanto para la coronación imperecedera del éxito comercial masivo de los episodios por entregas como para la definitiva gloria literaria de Capote, la ejecución final de los dos convictos? ¿Era ese cálculo sólo una aprensión de Capote? Se admiten conjeturas y especulaciones de todo tipo e invito al personal a pronunciarse.
Frivolidad penúltima: Nominadas para diversos premios de la Academia Brokeback Mountain, Transamerica y Truman Capote, ¿está Hollywood saliendo del armario? Si así es, ¿es rentabilísima esa salida?
Wednesday, March 08, 2006
Brokeback Mountain
ce unas semanas que vi la frustrada candidata al oscar a la mejor película. No puedo saber si hubiese resultado mejor reseñarla entonces que hacerlo ahora, y no precisamente por los resultados de la Academia, sino porque algo me dice que la primera impresión que me produjo (cercana al entusiasmo) es más auténtica que la que siento ahora, con la memoria aún fresca, pero contaminada acaso por una acumulación de posos que deja una pátina de escepticismo y me hace considerar algunos aspectos que en su momento no tuve en cuenta. Es quizás el más incómodo el que me hace ver un cierto exceso de literatura en la limpia narración de Ang Lee. Exceso que nada tiene que ver con la procedencia novelística de la película, sino con un tratamiento de las emociones y de la tensión dramática un tanto alejado de la cruda desnudez de cada una de las situaciones que se van mostrando. Tal vez (sólo tal vez) Jack Twist y Ennis del Mar deberían haber sido tratados con la misma objetiva frialdad que sus esposas o su patrón. No quiero decir que se debería haber renunciado al género (se trata de un melodrama, y a mucha honra) sino que, precisamente en los melodramas, los héroes lo son siempre sólo a medias. Y en la bellísima película del chino Lee, los dos vaqueros enamorados, aunque uno más que el otro, son personajes de una entereza a prueba de casi todas las corrupciones a que se someten y son sometidos.No me atrevo a decir y no seré yo quien diga que la interpretación de Jake Gyllehaal (Jack Twist) es mejor o más brillante que la de Heath Ledger (Ennis del Mar). Supongo que ya alguien habrá hablado de la inmensa talla de los "secundarios", desde Randy Quaid (Joe Aguirre) a Michelle Williams (Alma Bess del Mar); desde Linda Cardellini (Cassie Cartwright) a Anne Hathaway (Lureen Newsome).
Chorrada final: Curioso el parecido físico (¿intencionado?) entre Heath Ledger y George Bush Jr.
Sunday, March 05, 2006
Orgullo y prejuicio
Afortunadamente, sigue habiendo cineastas intrépidos a los que no les tiembla el pulso al encararse con un ejemplar canónico de la literatura universal. Entre ellos, está Joe Wright que, con un par, le echa el diente y la cámara nada menos que a Orgullo y Prejuicio, de Jane Austen, madre generosa del relato amoroso de todos los colores, del rosa al amarillo, del verde al rojo vivo, del lila al azul cobalto. Y debe decirse que entra en el empeño con buen pie y sale de él más que airoso. Tiene Wright la buena ocurrencia de ambientar la acción en el mismo año (1796) en que una Austen de veintiuno escribe el primer cuaderno de la novela que sólo en 1813 pasa a las imprentas y al público. A pesar de que todos los detalles posibles, desde el vestuario hasta la decoración de interiores, desde la longitud de las velas de sebo al grosor de las cuentas de los collares, están tratados con el primor de un perfeccionista y el rigor de un historicista, todavía hay lerdos que hablan de de "recreación de la época victoriana". Algo así leí en la red, publicado por un periódico argentino al que se debe hacer la caridad de aclararle que la reina Victoria I nace cuatro años más tarde de que Jane Austen hubiese muerto y empieza a reinar aún veinte años después de nacida. Tiene esto su miga, porque el talante prerromántico de la heroína de la novela, difícilmente iba a tener el mismo impacto en los austeros pero no poco convulsos tiempos postguillerminos que en los dubitativos pero aún firmes de Jorge III, en los que un dandy llamado Brummell tuvo la osadía de inventar el pantalón de chimenea.Como no podía ser menos tratándose de una coproducción con participación británica mayoritaria, la arquitectura y el paisaje, la flora y la fauna, la arboleda y la campiña, el verdor y la bruma están tratados con delectación y lujuria, con el añadido meritorio de constituirse en elementos del relato tan decisivos como la exaltada prudencia y recatada belleza de Liza Bennet o la altiva timidez y soterrada fogosidad generosa del señor Darcy.
Poco más que añadir, salvo las loas ineludibles a la espléndida interpretación de todo el elenco, con las obligadas menciones especiales al trabajo de la deliciosa Keira Knightley como Elisabeth Bennet, del sobrio Matthew Mefadyen como Mr. Darcy, del sabio y veterano Donald Sutherland como Mr. Bennet y de la soberbia Claudie Blakley como Charlotte Lucas. Por cierto, se me ocurre que Matthew Mefadyen podrá ser un espléndido Chateaubriand en una imaginaria versión televisiva de qinientos capítulos y más de dos años de emisión de las Memorias de ultratumba del vizconde
Transamerica
Los cineastas europeos de talento deben aprender de sus colegas norteamericanos talentosos la pulcritud, absolutamente exenta de caspa, con la que éstos abordan los asuntos más (digamos) escabrosos -y pronunciemos la molesta palabra con rubor. La historia de un transexual, padre por accidente, a quien la mera necesidad obliga a encontrarse con su hijo, un delincuente juvenil en estado muy puro, se narra con el sobrio modelo formal de una movie road. Asombran la frescura y el verismo con que se van mostrando las situaciones y los personajes así como la desnudez, sin concesiones, pero nunca desprovista de humor (esperéntico, a veces) y ternura, que pautan la totalidad del relato. Su final, matizadamente feliz, por lo que tiene de abierto, es de los que merecen dejar memoria.
Friday, February 24, 2006
Nochmals Lili Marleen (Otra vez Lili Marleen)
Me remito a mi comentario anterior sobre la antimarcha. Pero me quedaría algo incómodo si no le añadiese un par de observaciones, sin duda drmasiado evidentes. Se refiere una a la eficacia de los engañosamente fáciles pies de estibillo alternados: wie einst, Lili Marleen; mit dir, Lili Marleen (como antes, Lili Marleen; contigo, Lili Marleen). Jalonan las estrofas de un modo muy particular, enfatizando la nostalgia con una sencillísima contundencia, que completa y resume todas las añoranzas, cualesquiera que éstas sean.La otra es un capricho personal. Siento una mal contenida emoción sonriente cada vez que escucho estos dos versos ingenuos:
Schauen wie einer aus
En mi tontuna traductora, llegó a ocurrírseme la siguiente parida adaptativa:
Ambas nuestras sombras
una sola son
que se podrían cantar en español, pero con qué resultado tan lamentable, tan fuera de lugar y de estilo...
Filología recreativa o Una broma filológica
En mi covachuela laboral, me he encontrado hoy con un certificado bilingüe, expedido por el gobierno local de Bilbao, a cuyo pie, y en el lugar reservado para las estampaciones, figuraba la palabra Zigilua. Obviamente, designa ese objeto redondo, oblongo a veces, rectangular frecuentemente, que con relieves de caucho y previamente impregnado de tinta sirve para imprimir el marchamo de una institución, sociedad o persona en un papel capaz de soportar la afrenta. Con perdón de sus caras, a las de Don Koldo Mitxelena y otros sabios euskaldunes me refiero, me parece que la cosa tiene su guasa. Ante la necesidad de nombrar un objeto que fenicios, griegos, romanos y otras sociedades civilizadas conocían, pero que los aguerridos pobladores de los valles ultrapancorbeños ignoraban con alegría y bravura en su paraíso incontaminado, ahora dizque perdido, los filólogos creativos no se paran en barras: toman del latín, verdadera lengua de imperio, el vocablo sigillum, adaptan la sonoridad de la sibilante inicial a la prosodia y ortografía vascas, suprimen, al igual que las denostadas lenguas romances, la consonante temática de flexión nominal (m), la sustituyen por una muy euskérica vocal a que, felizmente, va precedida de una muy cerrada u para que el conjunto quede de lo más propio y pase con toda legitimidad al acervo patrimonial euskérico, dando el pego con elegancia y patriotismo ejemplares. Mi enhorabuena, señores académicos.El documento burocrático contenía también otra perla, ahora de traductor. En grafía versal, hacía constar: VILA DE CRUCES (PONTEVEDRA) UDALERRIA ALDE EGINAGATIK, que el bizarro y leal traductor versiona así: EMIGRACIÓN [sic] AL MUNICIPIO DE VILA DE CRUCES (PONTEVEDRA). Toda una declaración de principios. Personalmente, prefiero las declaraciones de finales.
Saturday, February 18, 2006
Comentario a una carta de José Fernando
Voy a tranascribir aquí un correo que dirigí a mi buen amigo José Fernando en respuesta a otro suyo en el que enviaba una especie de carta dirigida a El País, no para ser publicada, sino para que le facilitasen la dirección electrónica de Timothy Garton Ash, a quien realmente va dirigida. Cuando sea capaz de incorporar ese correo a este blog, se podrá ver la larga diatriba de José Fernando. Este es mi comentario.Sunday, January 01, 2006
Lili Marleen: Ein Antimarsch

¿Por qué una "antimarcha"?. Es innegable que fue una marcha militar cantada en las dos guerras -pese a Göbbels en la segunda- que asolaron a la Europa y al mundo del siglo pasado. Pero no lo es menos que hay algo en el sencillo y melancólico lirismo de su letra y en la dulzura y la sentimentalidad de su melodía cadenciosa que nos inclina no ya a despojarla de su uniforme castrense sino a adoptarla como una balada tierna y terrible, como una canción de amor muy intensa y muy pobre. Sin duda, estas virtudes intrínsecas y su popularidad, más que una por otra parte indiscutible voluntad de contraafirmación política, llevaron a muchos intérpretes a "representarla" en muy variados estilos, que sólo tienen en común una explícita negación de su carácter militar, aún cuando alguno de estos intérpretes subraye con patetismos diversos su belicismo originario. Es el caso de la versión de Ute Lemper, que con maravillosa sutileza de cabaret berlinés ilustrado, refina hasta extremos inimaginables la entonación de palabras y notas, sin renunciar al comprometido recitado final bilingüe, tal vez un tanto prescindible. También canta en inglés alguna de las estrofas. Incurre Milva en parecido subterfugio, acentuando fanfarrias, trompeterías y rítmicas tamborradas que alcanzan el apoteosis en el bombardeo final digno de Coppola padre. El cabaret necesita aquí de los efectos especiales, algo reñidos con su desnuda naturaleza. Como no podía ser de otro modo, es también cabaretera, pero no obvia, la versión de Edith Piaff. El gorrión, con su alemán arrabalero, no necesita mostrar sus cartas para transmitir con toda eficacia artística la impresión de ser una resistente obligada a cantar para un público colaboracionista. Su paisana de la siguiente generación, la bellísima Marie Laforet, luce un francés infantil y perverso, muy útil para derrotar seduciendo. La grabación incluye nada menos que tres versiones de la suprema y referencial Marlene Dietrich (está ausente Lotte Lehmann). En la primera comparte "track" con Vera Lynn, cada una en su lengua. Una grabación en vivo y otra de estudio, expresionista y sensual como ninguna otra, completan la triada y cierran el disco.
El trabajo de James Last, con guitarra, cítara y orquesta, es virtuoso y lírico: lástima que la edulcoración y el "preciosismo" hortericen el empeño. Otra versión instrumental, la de Billy Vaughn, muestra la idoneidad de la bigband glennmilleresca para la adaptación audaz de cualquier tema.
Dolores Keane, en línea parecida a la de Vera Lynn, aporta "swing" y modestia. Kid Creole y sus golfas Coconuts osan, con envidiable desfachatez y frescura, calzarnos una versión "pop-rock" estimulante, cañera y deliciosamente gamberra.
No podía faltar una versió ortodoxamente militar, a cargo de banda desconocida, con aires marciales más yanquis que germánicos.
Por último, Freddy Quinn, en peculiar alemán, se pronuncia con solemnidad de pastor presbiteriano y cursilería de "crooner" de provincias, pero no canta nada mal.
Quedan fuera muchas más que otras tantas versiones notables de este icono del siglo XX. Se podría intentar una nueva incursión.
Friday, December 09, 2005
Ratzinger con tricornio

Hace pocos días, y no sin cierto asombro, hemos podido ver al Jefe del Estado Vaticano tocado con ese objeto negro y brillante que, según algunos diseñadores, es una feliz simplificación estilizada del dieciochesco sombrero de tres picos. El duque de Ahumada debió de haber quedado, en su día, muy contento con la invención, pero no es menos cierto que el cacharro simboliza, como casi ningún otro icono, la historia de España desde Isabelona la Chata hasta nuestros días. En los respectivos imaginarios de cada una de las dos Españas machadianas, opera bien como estampa del orden, palo y tentetieso, absolutamente imprescindibles para someter a los súbditos díscolos y desconocedores de lo que quieren y les conviene, o bien como emblema de la tradición más negra y cerril de un país de cabreros (Gil de Biedma dixit), que tiene su expresión condenatoria más acabada en el romance de la guardia civil de Lorca.Sunday, October 23, 2005
De nuevo Are More. De la mentira y otras miserias
, interpretó muy académicamente el oratorio Il Trionfo del Tempo e del Disinganno, en el que fueron voces solistas Katerina Beranova, como Bellezza, Isabel Monar, como Piacere, Marina R. Cusí, como Disinganno y Marcus Ulmann como Il Tempo. Los oratorios alegóricos, tan de moda hasta bien avanzado el siglo XVII, fueron una especie de sucedáneo de la ópera de motivo religioso. Para un oyente actual, sus contenidos morales de exaltación de la virtud y denigración del vicio, sus monocordes recitativos, las repeticiones ad nauseam de arias y dúos, resultan un tanto cansinos. Se trata, en suma, de un género en el que la belleza musical queda desvalorizada por el adormecimiento que provoca la reiteración continua de motivos, aunque conserve sus atributos indiscutubles, sobre todo en los casos en que, como el que nos ocupa, el compositor es un genial maestro de las formas. Se encuentran, además, perlas especialmente valiosas como el aria da capo en la que Mozart encontró modelo para su Don Giovanni o la famosa Lascia la spina, que el propio Händel, con oportuna variación de texto, reutiliza en Giulio Cesare para el aria de Cleopatra Lascia ch'io pianga. De ambas podemos disfrutar los aficionados de este siglo en grabaciones de Cecilia Bartoli, por ejemplo. Isabel Monar no es Cecilia Bartoli, pero hizo un Piacere muy notable y cantó, en particular, el aria citada con primor suficiente, que mereció el Brava! de un vecino espectador entusiasta. Muy bien la voz oscura de Marina R. Cusí para Il Disinganno, discreto y sólo correcto Marcus Ulmann como Il Tempo y escasa, aunque bella, Katerina Beranova encarnando La Bellezza. Los académicos vieneses, dirigidos por la agilísima mano izquierda y el órgano magistralmente expresivo de Haselböck, estuviero a la justa altura de la obra.Sin aparente relación con lo que acabo de escribir, aunque hay con ello un nexo meramente circunstancial que no voy a revelar, empiezo a respetar cada vez más la aversión acérrima de la cultura anglosajona por la mentira. No me estoy refiriendo a la mal llamada mentira piadosa (si es verdaderamente piadosa, no es propiamente mentira); tampoco a la mentira jocosa, si carece de mala intención y efectos perniciosos, ni a la mentira fachendosa de matasietes, cazadores, pescadores o pisaverdes de casino de provincias (ya quedan poquísimos). Me venía pareciendo que en ese odio protestante por el embuste, tan acendrado en los Estados Unidos de América, había una raíz puritana que, sin invalidarlo éticamente, lo hacía poco simpático y excesivamente rígido. Con esta idea, me pareció en su momento escandaloso que el pueblo norteamericano hubiese reaccionado a las mentiras descubiertas en el caso Watergate con muchísima mayor virulencia que frente a la inicial continuidad que dio Nixon a la guerra de Vietnam o a su nada reprochable decisión final de firmar el armisticio. Pasados más de treinta años, veo las cosas de otro modo. La mentira, fuera de las excepciones señaladas y muy pocas más, es esencialmente perniciosa, radicalmente corruptora y demoledoramente destructiva. Mina cualquier confianza pública o privada, siendo esta confianza el pilar fundamental de toda relación interpersonal y de todo modelo de convivencia civil. Envilece la actuación de engañador y de engañado. Convierte el comercio en rapiña y la amistad en puñalada trapera. Pervierte a los enamorados y enloda la toga de los jueces. Ningunea al oponente y envenena al atacante. Es, en suma, un arma de destrucción masiva y deja la tierra quemada que provoca su poder destructor infecunda por los siglos de los siglos. Estoy descubriendo mentirosos destructivos en mi ámbito laboral y también en el de la amenidad ociosa. No les temo: les desprecio. Pero, ¡cuanto los detesto!.
Escribo intentando espantar resucitados demonios familiares. No lo estoy consiguiendo.
Sunday, October 16, 2005
Belén Gopegui, Cuba, etc.

La técnica utilizada es el contrapunto sin más disimulos. Un contrapunto formalmente idéntico al de Huxley, Dos Passos o Cela. Pero se tiene la impresión de que, con ello, persigue Gopegui más una especie de autocontención forzada por el patrón estilístico que una eficacia narrativa explícita. El resultado es, de todos modos, brillante. Más llamativa es, a nuestro entender, una suerte de trampa que Belén tiende al desocupado (y desprevenido) lector que consiste en hacerle sospechar una cierta complicidad entre la autora y sus personajes, que sólo al final se ve paladinamente desmentida. Decir más al respecto sería pinchar un globo y hurtarles a futuros lectores un disfrute singular.
Wednesday, October 12, 2005
Mi entrada de ayer

Tuesday, October 11, 2005
Metempsicosis 1: Madrid, 1877

Monday, October 03, 2005
Pepys y Baudelaire


Teocracia y cara dura

Sunday, October 02, 2005
Tres en uno



